Por Leticia Montagner
En general, somos opacos a la hora de mostrar nuestros sentimientos y emociones, incluso, cuando ejercemos como madres o padres. Una capacidad enterrada que recuperamos con los nietos y nietas.
¿Por qué nos cuesta tanto mostrar nuestros sentimientos y nuestras emociones?Porque todavía es vivido como una señal de debilidad, de vulnerabilidad, cuando en realidad es una muestra de sensibilidad.
Si no te han cuidado, es difícil que sepas cuidar.Si no te han querido, es difícil que sepas querer.Si no te han escuchado, es difícil que sepas escuchar.Si no te han puesto límites, es difícil que los sepas poner.Si no te han dado reconocimiento, es difícil que lo puedas hacer.Si no te han mostrado confianza, es difícil que confíes en el otro.
Es complicadoespecialmente para los hombres mostrar los sentimientos y las emociones, cuando nos referimos a la forma de relacionarse con los hijos y los nietos.
Cuando se es papá o mamá, muestran sentimientos de cariño, de ternura, de reconocimiento, pero la mayor parte de las veces quedan en un segundo plano, ya que el primero lo ocupan el sentido de la responsabilidad, exigencia, autoridad. En definitiva, en educar.
Es habitual escuchar a los progenitores hablar de lo difícil que es la tarea de guiar y formar, tarea que lo es. También escuchar a los abuelos hablar de lo gratificante que es ser abuelos y lo es.
La razón esgrimida por ambos es que cuando ejerce uno de padre, la responsabilidad no permite disfrutar, pero al ejercercomo abuelo, como la educación de los hijos ya corre a cargo de los padres, se puede divertir.
Cuando una ejerce de abuela da rienda suelta a lo que hubiera querido hacer como madre con los hijos y, sin saber muy bien por qué, no hizo.
Hay un hecho que podemos observar en la calle. Fijémonos cómo van hacia el colegio una mujer o un hombre con sus hijos y cómo lo hacen los abuelos con los nietos. Habitualmente vemos a la madre o al padre por delante del hijo, jalándolo, arrastrándolo literalmente en dirección a la escuela.
Y, en cambio, cuando los nietos van acompañados por los abuelos, suelen ir caminando tranquilamente a su lado. Como si los padres sintieran que su responsabilidad es jalar hacia adelante a sus hijos y la de los abuelos, acompañarse mutuamente, nietos y abuelos. Los abuelos acompañando a los nietos en el inicio de la vida y los nietos acompañando a los abuelos hacia el final de la suya. Quizás este sea de verdad el origen de la complicidad entre ellos.
La verdad es que ser abuelo permite disfrutar de una segunda oportunidad, es ser como el champán, que es resultado de un vino que, una vez finalizada la fermentación, no tiene mucha personalidad, pero gracias al proceso de añadirle azúcares, levaduras y un poco más del mismo vino y llevándolo a fermentar de nuevo, resulta una bebida exquisita.
Exactamente como ser abuelos, de acuerdo a lo escrito por Inma Puig, psicóloga clínica, catedrática, colaboradora del diario El País. Felicidades en su Día, no solo a abuelas y abuelos, en general a las personas adultas mayores.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.










