Hugo Ferrer Toledo, profesor visitante de la Oklahoma State University, y Eduardo Ismael Hernández, catedrático de la Upaep, coincidieron en que los sismos son resultado de la acumulación de energía y no puede predecirse cuándo y cómo ocurrirán.
«Nuevamente tiembla en septiembre, magnitud 7.1, localizado a 11 kilómetros al ruroeste de Acapulco, Guerrero».
Los especialistas enfatizaron que existen probabilidades de detectar un sismo, sin embargo, se quedan en eso, en probabilidades.
Ferrer Toledo y Hernández detallaron que las afectaciones varían por el tipo de suelo en cada parte del estado; por ejemplo, en la capital, las zonas de la China Poblana y San Alejandro, son están compuestas de arcilla y se reblandecen más, a diferencia de áreas como La Calera y Los Fuertes.
Los especialistas agregaron que los temblores, principalmente los que se registran en el Pacífico, se sienten con mayor fuerza en Puebla, por su cercanía, aunque depende de su magnitud y duración.
La Ciudad de México y Puebla son zonas sísmicas, por lo que no es extraño que haya temblores.
Del mismo modo, Hugo Ferrer y Eduardo Ismael dieron unas recomendaciones para formular un plan de evacuación para antes, durante y después de un movimiento telúrico:
Se deben revisar las condiciones y estructuras de la casa o edificio antes de cualquier sismo; se deben checar cuáles son las áreas de seguridad y rutas de evacuación, así como tener documentación a la mano y revisar las estructuras e instalaciones del gas y eléctricas después del fenómeno natural.
Finalmente, indicaron que no es conveniente usar aplicaciones que avisan sobre los sismos, ya que no están calibradas con las alertas sísmicas que existen en la Ciudad de México y en Puebla, además de que sólo generan pánico.
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