El caso del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto Castillo, una especie de señor de horca y cuchillo de la época medieval, ha caído.
Se cumple así la antigua sentencia bíblica que dice, con la vara que midas será medido.
Durante los tres primeros años del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Nieto Castillo, hizo y deshizo, investigó a cientos de personas y empresas, utilizó las medidas cautelares de la congelación de cuentas para sentar en el banquillo de los acusados a inocentes y culpables.
Y ahora, en un evento privado, un motivo familiar e íntimo, su boda con la Consejera Electoral del INE, Carla Humphrey, resbaló y cayó por los mismos motivos por los que se había convertido en el azote de los malos.
Él mismo la hizo de malo. Los abuelos nos ilustraban diciendo no hagas cosas malas que parezcan malas. Y, lo que debería ser motivo de alegría se convirtió en una pesadilla de la cual aún no despierta.
Llaman la atención ciertas cosas. Primero, casarse en el extranjero. ¿Irse a Antigua, en Guatemala, a un lujoso hotel tipo Spa, que son los que tienen las tarifas más elevadas, para que los narcotraficantes no pudieran hacer algo en su contra? ¿Desde cuándo los hombres del poder tienen miedo?
Segundo, el viaje en avión privado de funcionarios e invitados con misteriosos sobres llenos de dólares. ¿De cuándo acá esos importantes personajes necesitan tanto efectivo? ¿Y el uso de tarjetas de crédito?
Tercero, la filtración de documentos sobre la detención del avión y el llamado fuego amigo que atizó las redes sociales, además de la indignación popular. Difícilmente, un reportero tiene acceso a documentos restringidos. Alguien se encargó de difundirlos.
Total, la tormenta perfecta. Difícilmente podrá consolidarse la llama Cuarta Transformación, cuando los hermanos del Presidente Andrés Manuel López Obrador son exhibidos en videos recibiendo dinero; Morena no se ha consolidado como partido y está peor que el PRD; está infestado de ex panistas y ex priistas y hay hasta morenistas duros y suaves que luchan por posiciones.
Suenan huecas las palabras presidenciales: No somos Iguales. La venganza no es mi fuerte. No mentir, no robar, no traicionar al pueblo.
Los cuadros directivos de la Cuarta Transformación no son iguales a otras fuerzas políticas, son peores.
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Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









