Precisamente el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, fallece un artista con enormes dotes de emprendedor, Vicente Fernández Gómez, tapatío originario de un pequeño poblado de no más de cinco mil habitantes llamado Huentitán el Alto. Vicente fue exitoso emprendedor «self made», es decir que desde un origen humilde construyó por sí mismo su éxito.
Vicente Fernández nace en febrero de 1940 y podemos considerarlo de los últimos de la generación llamada silente, Vicente tuvo la capacidad de conectar con un público diverso por más de cincuenta años de carrera, logró que lo escucharan por igual baby boomers, generación X, millennials, e incluso centennials.
Vicente como todo buen emprendedor fue serial y multifacético, impulsado por su fuerte presencia en televisión, específicamente Televisa, y en radio, Vicente vendió más de 60 millones de discos físicos y millones de usuarios lo escuchan en las plataformas actuales de música, cantó en cientos de presentaciones épicas en palenques y estadios, filmó 34 películas y fundó empresas ganaderas, agrícolas, tequileras, y de artículos relacionados con la charrería.
Cabe mencionar que es precisamente el año del nacimiento de Vicente Fernández que Emilio Azcárraga Vidaurreta, fundador de Televisa, «aporta o impone» un toque disruptivo al mariachi, sumando el sonido de las trompetas a la guitarra, guitarrón, vihuela, y violín, que eran los instrumentos iniciales del mariachi.
Emilio Azcárraga solía decir que sin «sus trompetas» el mariachi sonaba más a funeral que a fiesta.
Vicente Fernández encontró un enorme hueco de oportunidad para su gran talento y compromiso con su sueño, a finales de los sesenta, las voces de Pedro Infante, Jorge Negrete, y Javier Solís se habían apagado, y él logró posicionarse como la nueva voz de la canción ranchera.
En el cine su incursión fue similar, de la mano de Alejandro Galindo en un inicio, y de Rafael Villaseñor en sus últimas películas, encontró un hueco de oportunidad entre la época de oro del cine mexicano de los años cincuenta y el cine de fícheras de los años setenta.
Durante dos décadas abarrotó las salas de cine, con una imagen que fluctuaba entre héroe rural, y héroe urbano.
¿Quién no recuerda su propuesta de valor es sus épicos palenques? Su promesa de marca era sencilla: «Mientras el público no deje de aplaudir, Chente no deja de cantar».
¿Te atreverías como emprendedor a hacer una promesa de marca similar? Algo así como «si no te gusta no me pagas».
Vicente nos deja muchos aprendizajes para emprender:
- Océano azul: tanto en la música como en el cine encontró su hueco de oportunidad.
- Pasión: en cada palenque dejaba el alma, cantaba con la misma emoción en cada uno como si fuera su primera presentación, o la última de su vida.
- Disciplina: mantuvo congruencia y consistencia en toda de carrera profesional.
- Adaptabilidad: supo leer el cambio de los tiempos, y adaptar su música a las tendencias del público, como ocurrió cuando incorporó boleros a su repertorio con mariachi.
- Familia: seguramente hombre imperfecto como somos todos, sin embargo Vicente mantuvo unida a su familia durante toda su vida y tal pareciera que este era su mayor proyecto.
Recordaremos a Vicente Fernández como un enorme emprendedor, disruptivo y dispuesto a hacer su sueño realidad hasta convertirse en la voz de todo un género.










