En las noticias, documentales, películas o entrevistas, escuchamos historias de desalmados individuos que secuestran, violan, asesinan, roban, y en general lastiman a cuanto ser se cruce en su camino.
La policía tras de ellos, en una escena de literal cacería humana. Unos continúan desafiando las leyes y otros, en su lucha por atraparlos.
Una guerra sin cuartel, y una historia sin fin.
Sin embargo, observando más de cerca cada historia, podemos analizar con más detalle el origen de estos fenómenos desde diferentes perspectivas: “Cómo es posible que un ser humano haga tales atrocidades”, o, “jamás había visto algo así en mi carrera”, o quizá, “es el demonio mismo quien se apoderó de su alma”. Y nadie puede o “quiere” creer que esto suceda.
Algunas posturas religiosas, dirán que esto representa el principio del inevitable apocalipsis, una señal de que la humanidad está perdiendo su esencia, y que, por lo tanto, estos comportamientos, son una invitación al castigo divino.
Que el hombre ha rebasado sus propios límites, y que “el mundo es una perdición”.
Y estos seudo análisis, solo sirven como una máscara o una superficial explicación para no rascar hasta lo más profundo.
Pues el ser humano no es todo lo que vemos. Su comportamiento es el resultado de toda una historia de vida. Y no solo de una experiencia aislada.
Nos asusta lo que vemos y escuchamos, porque toca fibras sensibles y nos invita a hacer una real y escrupulosa reflexión personal. Y eso, definitivamente no nos gusta.
El hombre es el resultado de su crianza, formado y educado por sus cuidadores, por su comunidad, por sus creencias, y por sus costumbres. Pero también por las decisiones que toma cada día.
Resultado de sus experiencias, sean enriquecedoras o perversas, y que se repiten y por las que se aprenden nuevas formas de vivir. Con padres tanto congruentes, o emocionalmente estables, como con padres que viven una situación tormentosa, o en casos extremos, padeciendo una psicopatología que provoca comportamientos disfuncionales o agresivos, tal vez sea un individuo con adicciones, depresión, con algún trastorno de personalidad, ansiedad, una persona violenta en la mayoría de los casos.
Una crianza con agresiones constantes, físicas, sexuales, psicológicas. Mañana, tarde y noche, durante cada día, cada semana, y cada año de la vida de un menor.
Y de repente, en algún momento de la infancia o adolescencia, en este niño, aparecen también algunos comportamientos indeseados por el resto, pero que representan probablemente la única salida y forma de supervivencia del mismo, ante tanta atrocidad que ha puesto, durante años, su vida en peligro.
Conductas aprendidas para la supervivencia y conductas aprendidas para la respuesta a las demandas de la vida cotidiana.
Y luego, la aparición de otra patología más. De otro comportamiento agresivo, violento, que consciente o no, desafía los roles, las leyes, la armonía entre individuos, que podrían representar una amenaza para ellos.
Se habla de violencia e inseguridad en las calles, pero nadie se adentra al origen. ¿Por qué esta situación no se detiene?
Rezamos para que no nos pase nada, ni tampoco a nuestra familia. Nos y los cuidamos cada día para evitar sufrir de algún asalto o agresión fuera de casa.
Pero hasta ahí llegamos. Porque ir más allá, es ir más allá en nuestra propia historia de vida, que con seguridad nos pondrá de frente al sufrimiento, a la vergüenza o la culpa.
Cada persona que comete algún delito, es producto de otro delito contra él. Y si vemos un poco más atrás, también sus antecesores fueron víctimas de otra atrocidad…. Y así, encontraremos una interminable cadena de dolor y violencia.
El problema, es que, como consecuencia de vivir con este sufrimiento e incongruencia durante los años de infancia, se forma una personalidad antisocial, que cometerá en respuesta, un crimen tras otro, enredándose en un mundo de profunda oscuridad. Y luego la persecución, la detención y la aplicación de un castigo que evite que se continue infringiendo la ley. Sin escapatoria.
Claro está, que no se trata de justificar los actos delictivos, pues en teoría, un adulto puede diferenciar lo que es correcto, legal o bueno, de lo que no. Y estar consciente de que existen leyes que se aplican para castigar a quienes alteran el orden social y regular la convivencia humana.
Se trata de entender dónde está la diferencia entre seguir en esta tormentosa dinámica de vida e intentar descubrir la manera de modificarla y salir de ella.
Pero, ¿cómo cambiar este cruel destino? Si bien las decisiones de cada hombre son finalmente las que definen su camino, no debemos olvidar que también es responsabilidad de todos, hacer lo que este en nuestras manos para ayudar a cambiarlo.
Tal vez, solo nos alcance para hacer algo por un solo individuo, pero con esto, seguramente podemos cambiar más de una vida. Un niño que vive maltrato constante, no debe necesariamente, terminar con más tragedia en su historia. Cambiemos su destino, para cambiar y mejorar al mundo.
Y RECUERDEN, TODO SALDRA BIEN AL FINAL. Y SI LAS COSAS NO ESTAN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.
MUCHAS FELICIDADES A TODOS. QUE ESTA NAVIDAD, SABIENDO QUE HAY TANTO QUE AGRADECER, ESTÉ COLMADA DE DICHA PARA USTEDES Y TODA SU FAMILIA. Y QUE ESTE NUEVO AÑO 2022, CON ESFUERZO Y ENTREGA, TODOS SUS SUEÑOS SE HAGAN REALIDAD.









