Miguel Campos Ramos
INSEGURIDAD, PENDIENTE
IDIOMA… Está por concluir un año más. Viene bien, a propósito del idioma, aclarar una frase muy recurrente referida a las fechas. Se lee y se oye, por ejemplo: “Benito Juárez nació un 21 de marzo de 1806.” Pero la frase debe ser: “Benito Juárez nació el 21 de marzo de 1806.” La razón es simple: se conocen perfectamente el día, el mes y el año de su nacimiento, y el uso del artículo “un”, que es indeterminado, es adecuado sólo cuando se alude a algo impreciso, por ejemplo: “Un viernes de Dolores ocurrió un desastre terrible.” En este caso se vale porque no se está mencionado el año. El uso del idioma exige precisión… En el mismo tenor anda la expresión “del orden de”, referida a cantidades o distancias. Se dice, por ejemplo: “Se aprobó un presupuesto del orden de los 101 mil millones de pesos.” No. Esto es incorrecto, porque se está precisando la cantidad. La frase “del orden de” se refiere a “órdenes” o “niveles”. En el caso de los números, se habla de unidades, decenas, centenas, millares, miriadas (diez mil), etc. Y cada una de estas cantidades “redondas” se llama órdenes. Así que la frase citada se usa cuando se alude a una cantidad de la que no se conoce con precisión el monto, sino que es aproximada. Por ejemplo, en el caso del presupuesto, se puede decir: “Será del orden de los miles de millones de pesos”, y con esto se alude a una cantidad muy grande pero no exacta. Y en el caso de las distancias, se puede decir: “Distancias del orden de los años luz”, para aludir a distancia interestelares grandes pero vagas.
PODER… “No fue día malo, hubo 68 homicidios.” Tal fue la expresión que el Presidente del país usó en su rueda de prensa del martes, en alusión a lo ocurrido el día anterior en materia de muertes violentas. Esto me recuerda una anécdota por demás pintoresca. Cierta dama poco avezada en ciencia acudió a una conferencia sobre el universo. De repente, tras una explicación que dio el ponente, ella levantó la mano y preguntó, no sin angustia: “Perdón, ¿dijo usted que el Sol se apagará dentro de 5 mil años?” El ponente, amablemente, le precisó: “No, señora. Dije dentro de 5 mil millones de años.” “Ah”, suspiró la dama, aliviada. “Clarito oí que dentro de 5 mil años.” Vaya consuelo. De todos modos 5 mil años son un montón de años. Tal vez para entonces la raza humana ya haya emigrado a otros sistemas planetarios con otros soles. Esto viene a cuento por el dicho del Presidente. Aunque hubiera sido un homicidio, uno solo, de todos modos duele. Y seguramente los familiares de los fallecidos no pensaron como él. Ya lo dijo el poeta inglés John Done: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque soy una parte de la humanidad. Por eso no quieras saber por quién doblan las campañas: ¡está doblando por ti…!” Lamentablemente, la violencia no acaba en nuestro México. Desde hace unos tres sexenios, hay que admitirlo, empezó a recrudecerse. Pero en el actual no cede, pese a las promesas, y, lamentablemente, según estadísticas, aumenta. Sí, la inseguridad pública es una asignatura pendiente. Y no consuela que el Sol no desaparezca hasta dentro de 5 mil millones de años, porque la seguridad que necesitamos para trabajar y vivir tranquilos la requerimos ahora… Gracias y, a pesar de todo, Feliz Navidad.
Gracias.

Lic. en Letras españolas, escritor, ha publicado 37 libros y dictado alrededor de 600 conferencias; además, ha sido catedrático de las universidades Autónoma de Puebla, Pedagógica Nacional, y Realística de México, y fue Director de Cultura del Ayuntamiento de Puebla, así como Subsecretario de Cultura del Gobierno del Estado de Puebla.









