IDIOMA… Así, con el artículo en singular, pero el sustantivo en plural: “cubrebocas”. Como el sacacorchos, el tumbaburros (así les llaman a las defensas de los camiones), el talamontes, etc., y no el cubreboca, el tumbaburro o el talamonte. La precisión de estas palabras en cuanto a su número, es decir, a si se manejan en singular o en plural, se define con el artículo: el cubrebocas, los cubrebocas; el sacacorchos, los sacacorchos; el tumbaburros, los tumbaburros; el talamontes, los talamontes. Esto se debe a que se trata de palabras que aluden a la acción del objeto en general, no al objeto en particular. Es como “el portaobjetos”, o “los portaobjetos” de los microscopios, aludiendo al uso de tales artefactos y no señalando a un objeto en particular, para decir “el portaobjeto”, aunque también la Academia avala esta variante, sólo que como segunda opción. El presente comentario viene a cuento porque con motivo de la pandemia por covid19, en algunos medios de comunicación se estuvo diciendo, y se sigue diciendo, “el cubreboca” y “los cubrebocas”. Y aunque el Diccionario de la Academia de la Lengua avala la primera forma, no hay que perder de vista que en su definición dice: “Cubrebocas. También cubreboca”. Es decir, señala la forma singular como segunda acepción (igual que el citado “portaobjeto”), y luego da la definición: “mascarilla, máscara que cubre nariz y boca para proteger de patógenos”. De modo que aunque gramaticalmente, por tratarse de una palabra compuesta, es correcto decir “el cubreboca”, suena más a petulancia que a otra cosa. Y como por el hecho de que al parecer la pandemia por covid19 continuará, más vale acostumbrarnos a usar indistintamente la forma plural: “el cubrebocas” y “los cubrebocas”.
PODER… Y hablando de este artefacto que llegó para quedarse, y que por cierto en algunos países sudamericanos llaman “nasobuco”, vale la pena una reflexión. Y es que este sencillo pero efectivo aditamento ha servido, al parecer, para contener eficazmente la difusión del contagioso covid19. No más que las vacunas; o tal vez. En realidad, es sabido desde tiempos inmemoriales que la mayoría de las enfermedades infecciosas entran sobre todo por la boca y por la nariz. Luego entonces, esta sencilla protección permite inhibirlas o disminuirlas. Habrán notado los lectores que el año antepasado, y el que acaba de concluir, casi no hubo gripas. Una buena razón es que el cubrebocas lo estamos usando la gran mayoría de los mexicanos, y de los poblanos, claro. Esto a pesar de las absurdas “contraindicaciones” de seudocientíficos que lamentablemente están a cargo de organismos federales de salud y que sin mucho fundamento dijeron, y aún lo dicen a veces, que el cubrebocas da una falsa seguridad, o que no sirve pues deja pasar el virus, y una sarta de afirmaciones que sólo generaron que el virus se difundiera más, al grado de que oficialmente llevamos 300 mil decesos, y según algunos el doble. Cuidado. El año pasado un médico europeo señaló que si durante un mes todo mundo usara permanentemente el cubrebocas, el virus por covid19 de acabaría, por la sencilla razón de que no hallaría un huésped que le permitiera replicarse. Países orientales como China, Japón y Corea del Sur, gracias al uso generalizado de este pedazo de tela salvador, han controlado el mal. Nada perdemos con usarlo, aunque oigamos voces en contra, o muchos digan que es incómodo. La salud lo vale. Gracias y les deseo un feliz 2022 pleno de salud.
Gracias.
Twitter: @miguelcamposr13
e-mail: [email protected]
Lic. en Letras españolas, escritor, ha publicado 37 libros y dictado alrededor de 600 conferencias; además, ha sido catedrático de las universidades Autónoma de Puebla, Pedagógica Nacional, y Realística de México, y fue Director de Cultura del Ayuntamiento de Puebla, así como Subsecretario de Cultura del Gobierno del Estado de Puebla.









