Por: Karla Sosa
Iniciamos nuestra rutina todos los días; visitamos numerosos lugares, dependiendo de la temporada nos enfrentamos a climas distintos, experimentamos diversas situaciones y nos encontramos con toda clase de personas, cuyos rostros cuentan una historia, sin embargo, pocas veces reparamos en ello…
La historia de México es frecuentemente vista como un mestizaje entre indios y castellanos, los afromexicanos han alzado su voz para discutir la importancia de sus aportaciones, pero ¿quién habla de la raíz asiática? Estas migraciones son vistas como una extensión de la historia de Corea y poco significativas para la de México. Hoy en día miles de personas viven en el país ignorando que sus ancestros alguna vez llegaron de oriente y el único testigo de este hecho son los evidentes rasgos en los rostros de la población. Aunque hubo numerosas olas migratorias, el desconocimiento se extiende a nivel nacional. Por lo tanto, los estudios sobre este fenómeno son limitados y recientes, y es por dicha razón que en este caso se abordará la primera ola de coreanos que llegó a Yucatán. Es importante mencionar que este trabajo se adaptó de dos análisis de casos; Kim y Hakyung “Korean immigrants’ place in the discourse of Mestizaje: A history of race-class dynamics and Asian immigration in Yucatán, México” y Claudia Dávila con “Libaneses y Coreanos en Yucatán: Historia comparada de dos migraciones”. En la actualidad, pocos notan la diferencia entre las diversas culturas provenientes de oriente debido a que «todos se ven igual», lo que causa una distorsión de su imagen enmarcándolos a la mayoría como “chinos” y es prueba suficiente de cómo las personas no están al tanto de los orígenes asiáticos, ni tienen interés en entender la diferencia entre estos, haciendo dichas identidades invisibles.
Desde 1872 existía una gran demanda de henequén y era necesario exportarlo, así que se fundó Progreso, conectando la Península de Yucatán y el resto del mundo, permitiendo la entrada de extranjeros. (Administración Portuaria Integral de Progreso, s.f.). El virreinato de la Nueva España generó grandes consecuencias; en primer lugar, las confusiones de raza y clase como resultado del mestizaje, se suele pensar posterior a la independencia que se dividían en dos; los no indios llamados vecinos, blancos o yucatecos que gozaban del privilegio de los derechos civiles y los indios, que no. Sin embargo, estas no eran heterogéneas, aunque los ladinos eran dueños de la mayoría de las haciendas, había algunos indios de élite que poseían tierras, conocidos como batabs y vecinos pobres que cultivaban. Con esto podemos afirmar que la guerra de castas no fue específicamente de castas, sino entre centralistas y federalistas, quienes se aprovecharon de la clase campesina. Como resultado de dicho enfrentamiento la mano de obra de las plantaciones henequeneras que eran vitales para la economía del estado disminuyó. (Kim, Hahkyung, 2012). En segundo lugar, se puede comparar el pensamiento de la Corona Española que buscaba fusionar con el objetivo de mejorar con el modelo porfirista que dio forma al negocio del henequén y fomentó la inmigración de extranjeros a México, por la falta de mano de obra en las haciendas henequeneras se dio paso a la primera ola coreana. Actualmente existen numerosos debates sobre si dichos inmigrantes fueron manipulados y esclavizados, lo cierto es que el trato fue diferente a la población campesina que ya estaba allí, puesto que podían negociar sus condiciones de trabajo tras la finalización del primer contrato o simplemente podían ser liberados del mismo. Sin embargo, seguían compartiendo las condiciones de trabajo deplorables que los trabajadores de la plantación. Esto provocó que los coreanos no tuvieran un lugar específico en la clase, quienes en cambio serían enmarcados como herramientas para las haciendas henequeneras facilitando que perdieran su identidad. (Kim, Hahkyung, 2012).
El contacto intercultural provoca cambios culturales y psicológicos, y puede modificar las actividades colectivas y las instituciones sociales. (Sam, D. L., Berry, J. W., 2010). Desde un análisis superficial, algunos podrían asegurar que los coreanos pasaron por un proceso de asimilación, haciendo referencia a que no deseaban mantener su identidad cultural con el objetivo de continuar la interacción con el grupo mayor al que estaban expuestos. (Sam, Berry, 2010). No obstante, sostengo que la comunidad coreana quería lograr la integración, aunque en ese momento no eran conscientes de la existencia de este término, debido a que pretendían preservar su cultura mientras mantenían interacciones diarias con otros grupos, convirtiéndose en miembros de una comunidad etnocultural y participantes activos de la misma. Esta afirmación puede sustentarse en el hecho de que los inmigrantes coreanos fundaron varias escuelas y la primera asociación coreana en México en 1909. (Dávila Valdés, 2015). El gobierno yucateco registró la asociación como una organización oficial, hecho que refleja cierto reconocimiento, no obstante, es contradictorio teniendo en cuenta la ausencia de comunidades coreanas en los registros oficiales de México. (Kim, Hahkyung, 2012). Al mismo tiempo, se puede inferir que aún les importaba la interacción con el grupo mayor porque no se excluían, de hecho, los matrimonios mixtos con los mayas eran frecuentes. (Dávila Valdés, 2015).
A pesar de querer lograr la integración, el estatus económico de los coreanos afectó este propósito, principalmente porque llegaron como trabajadores para las plantaciones de henequén, lo que les impedía tomar nuevos roles en la comunidad, en consecuencia y sumando los primeros matrimonios mixtos, los coreanos permanecieron en las zonas rurales y aunque querían conservar su cultura, no fue posible al no mantenerse unidos, dificultando la creación de redes sociales y el mantenimiento de las escuelas que luego cerrarían por falta de maestros. (Dávila Valdés, 2015). La asociación coreana recaudó recursos para financiar la independencia de Corea desde la distancia proporcionando identidad cultural a la comunidad. Cuando el país finalmente ganó la batalla al término de la Segunda Guerra Mundial, Corea no sería la misma que dejaron los primeros inmigrantes, volviéndose irreconocible para ellos y poco a poco fueron perdiendo el contacto con su país imaginario, tal como sucedería después para sus descendientes. (Kim, Hahkyung, 2012). Su estatus económico y social, la falta de nuevos flujos de inmigración y la pérdida de la conexión con su país les dificultó la conservación de su cultura, por lo que al final se difuminaron en el grupo mayor hasta hacerse casi irreconocibles.
Un museo que no tiene staff, un festival anual promovido por Corea y un pequeño monumento que conmemora 100 años de inmigración son los vestigios que quedan de la cultura que alguna vez llegó a México. Mi objetivo no es victimizar o antagonizar, sino entender el panorama que presenciamos en la actualidad, lo cual, en un país multicultural como México podría impactar en la autonomía y crecimiento del mismo. En mi opinión, éste es sólo un ejemplo de muchas historias no contadas, que puedo concluir no deben olvidarse, sino que merecen ser escuchadas más que nunca, las fronteras ya no representan un obstáculo,
por lo que este tipo de encuentros son más frecuentes y la comprensión del pasado conduce a la empatía y la tolerancia en el futuro.
Referencias:
Administración Portuaria Integral de Progreso. (s.f.). History. Administración Portuaria Integral de Progreso.
https://www.puertosyucatan.com/ap/historia_en.htm
Said, E. (1978). “Imaginative Geography and its Representations:Orientalizing the Oriental” Orientalism.
https://drive.google.com/file/d/1RMVf1oiyH-sCqG0orUW-NePVssAIsWGr/view
Kim, Hahkyung (2012), Korean immigrants’ place in the discourse of Mestizaje: A history of race-class dynamics and Asian immigration in Yucatán, mexico
https://s-space.snu.ac.kr/bitstream/10371/83916/1/snuibero230309.pdf
Loomba, A. (1998). Colonialism-postcolonialism. Taylor & Francis Routledge.
https://ezproxy.upaep.mx:2644/eds/detail/detail?vid=0&sid=173e58dc-d656-4d58-83aa-b292225e10a8%40redis&bdata=Jmxhbmc9ZXMmc2l0ZT1lZHMtbGl2ZQ%3d%3d#AN=73054&db=nlebk
Dávila Valdés, C. (2015). Trayectoria socioeconómica y movilidad geográfica de libaneses y coreanos: de Motul a Mérida. Migraciones internacionales , 8 (2), 103-131.
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-89062015000200004&lng=es&tlng=en.
Sam, D. L., & Berry, J. W. (2010). Acculturation: When Individuals and Groups of Different Cultural Backgrounds Meet. Perspectives on Psychological Science, 5(4), 472–481.
https://doi.org/10.1177/1745691610373075
Dávila Valdés, C. (2018). Libaneses y Coreanos en Yucatán: Historia comparada de dos migraciones. México.
https://www.cephcis.unam.mx/wp-content/uploads/2020/04/18-libaneses-y-coreanos.pdf
León Portilla, M. (2016). Thomas, H. (2019). Díaz del Castillo, B. (1632). La Conquista. In M. Sánchez Sánchez (Ed.), Estudios de cultura novohispana. Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.









