La mezcla entre política y religión es un arma muy poderosa que ha dado resultados electorales, sobre todo, para el partido que hoy gobierna y que ha encontrado en la esperanza una forma de obtener votos.
Desde el sexenio de Enrique Peña Nieto comenzaron a crecer sectas cristiano-evangélicas que no necesariamente se parecen a las cristianas que sí están registradas ante la Secretaría de Gobernación.
Las agrupaciones a las que se hace referencia en muchos casos no tienen registro, salvo las más grandes cuyas fortunas no son fáciles de ocultar, y operan de manera casi clandestina en casas particulares en las que se reúnen hasta más de 10 personas a estudiar tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento.
Los integrantes de estas congregaciones religiosas creen en Jesús, pero también en que su espíritu puede manifestarse en cualquier ser humano, incluso gobernante porque tienen la firme creencia de que son puestos por Dios. Sienten además cierto desprecio hacia los cristianos ortodoxos a quienes consideran ignorantes, y más si se trata de personas que pertenecen a otras religiones a quienes califican como «inmundos».
El problema con esta corriente religiosa radica en que en muchos momentos sus predicadores hacen política cuando dicen que el espíritu de Cristo puede morar en hombres y que llegará el momento en el que lo haga en los gobernantes, quienes comenzarán a predicar la palabra de Jesús y su nombre.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de 1990 a 2020, las personas que profesan una religión diferente a la católica han tenido un aumento sostenido, al pasar de 4.5 millones a 16.1 millones, lo que significa que para mucha gente la religión predominante ha dejado de ser opción.
No es casualidad que en múltiples ocasiones el presidente de México, Andrés López Obrador, mencione a Jesús. Su último mensaje fue en diciembre de 2021 con motivo de la navidad, en el que a través de su cuenta de Twitter invitó a seguir su ejemplo, dando la razón a los líderes de las ya mencionadas sectas en el sentido de que tienen al fin en un mandatario a un enviado a quien deben respaldar.
El ejemplo más claro de cómo la política religiosa tiene resultados a la hora de las votaciones es Amozoc, municipio que ha sido dos veces gobernado por el supuesto líder de una organización religiosa, quien pudo llevarse el triunfo gracias a las personas que piensan que algunos gobernantes pueden tener el espíritu de Cristo.
@MaritzaMena7









