Y de repente nos damos cuenta, de que lo que somos, ya no nos alcanza para vivir bien… así como lo deseamos.
Hay tristeza, desesperación, y un claro arrepentimiento por creer que hemos hecho todo mal, por creer que todas nuestras decisiones y acciones tomadas en la vida, han sido poco valiosas y hasta patéticas. Algo no cuadra.
Pero una misma situación también puede verse desde diferentes perspectivas, hay más de una manera de hacerlo. Diferentes escenarios, diferentes emociones.
A veces, nos quedamos en la misma posición, con temor a explorar otras formas de responder a las situaciones de la vida cotidiana. ¿Qué pasará si cambio mi respuesta? ¿Qué pasará si alguien me rechaza o me abandona si equivoco mis palabras o pienso diferente?
Muchas cosas pueden suceder, pero definitivamente, y quizá con algo de esfuerzo, algo nuevo y bueno, aparecerá para sorprendernos y agradarnos.
Tenemos muchas creencias, todas ellas aprendidas desde la niñez, principalmente en casa, de nuestros padres o abuelos, cuyas acciones debemos admitir y hasta venerar porque así lo hacen quienes pertenecen a ese sistema. Debemos creer sin cuestionar, y reaccionar de la misma manera que lo hace el resto. Y si bien pudieran estar equivocados o generar muchos problemas por esta razón, suponemos que es normal y que no hay otra mejor forma de ser.
Por años hemos estado lamentándonos por lo que hubiera sucedido en nuestra vida, si hubiéramos actuado diferente. Lo cierto es que el miedo a romper paradigmas o los rígidos esquemas de una o varias generaciones atrás, nos hacen muy infelices.
Y nos sentimos atorados, porque ni si quiera permitimos que algunas ideas diferentes lleguen a nuestra conciencia. De inmediato, las devolvemos a donde estaban, aunque realmente ya no podrán regresar al mismo lugar oculto, misterioso, y fingir que no existen.
Pues a veces una parte nuestra comienza a crecer o cambiar, y exige ser escuchada, y entonces sentimos que nos ahogamos, sentimos una incomodidad que no logramos ubicar, un ligero pellizco en nuestro corazón que no nos deja vivir en paz, aunque intentemos ignorar la causa.
Es esa voz que nos indica que es tiempo de movernos de lugar, que es tiempo de trabajar en nuestros reales anhelos, de imponer nuestra propia filosofía de vida, y ser mas congruentes. Esa voz que nos dice que no está de acuerdo con algunas cosas que hemos creído o hecho durante años. Y no porque estuvieran del todo mal, sino porque simplemente no son nuestras, no van con nuestra forma de pensar, porque durante este tiempo fuera de casa, hemos descubierto otras realidades que nos han abierto el panorama, nos han puesto frente a otros modos de vivir y hemos descubierto de a poco y durante tanto tiempo, que lo que aprendimos en casa , no era lo único que existía.
Pero, ¿en verdad debemos rechazar todo aquello que aprendimos de niños? ¿Todo aquello que nuestra familia de origen nos ha enseñado? ¿Aquellas costumbres y creencias, que nos han guiado a lo largo de nuestra vida para resolver nuestros problemas? ¿Es de veras, tan malo o vergonzoso?
En ocasiones hemos visto que algunas personas, rechazan todo aquello que sus familias representan, minimizan, descalifican y hasta humillan su propio origen, avergonzándose de ciertas costumbres, de sus formas de hablar, o hasta de su forma de vestir, porque suponen que no vale la pena. Tratan de esconder su propio origen y adoptan costumbres diferentes, muy a pesar de que les son totalmente desconocidas, fingiendo ser algo que no son, o inventando historias con tal de dar una “buena imagen” a los demás o ser aceptados por la sociedad.
Sin embargo, aquí es donde todo se dificulta, o toma sentido, según se vea.
Si intentamos ignorar nuestra historia, nuestras costumbres, tratamos de fingir que tuvimos una crianza diferente, y reprimimos lo que somos, podemos estar en peligro, pues en algún momento todo se saldrá de control y nos delataremos al reproducir acciones o palabras que por años hemos repetido, descubriendo que nada ha cambiado.
Y por otro lado, el miedo a dejar de pertenecer a la manada, y a sentirnos culpables por no seguir lo acostumbrado, nos obligará a reprimir nuestros deseos y nos impedirá modificar lo que necesitamos para llegar a la congruencia. Lo que tampoco cambiará la historia.
Sin embargo, es preciso tener claro, que sí es posible explorar y descubrir otras formas de ser, otras formas de estar en el mundo.
Que lo que aprendimos, en su momento, nos ha servido y nos ayudado a sobrevivir, a amar y ser amados, a solucionar problemas, a terminar algunos proyectos. Y, cuando llega ese momento de rara incomodidad, esa sensación de que algo falta o algo sobra y que no estamos siendo nosotros mismos, entonces, será el momento de confiar y comenzar el cambio.
Rechazar todo lo aprendido no será de ninguna manera la solución, porque hasta este día, seguimos con vida, y eso ha sido en gran parte porque alguien nos cuidó, nos alimentó o nos enseñó algo valioso. Aun cuando hablemos de familias disfuncionales, aun cuando se trate de historias dolorosas y aterradoras.
Y si, por el contrario, reprimimos nuestra esencia e intentáramos seguir con la misma dinámica familiar con tal de no sentirnos aislados, culpables o excluidos, por el hecho de no seguir con algunas tradiciones, tampoco será el mejor camino, pues estaríamos siendo deshonestos con nosotros mismos.
Entonces, si algún precio tendremos que pagar, es el hecho de escuchar a nuestro corazón, a esa parte que nos está gritando que ya es hora de cambiar y funcionar de una manera que se acerque más a lo que pensamos y deseamos, una nueva forma de ser. Integrando lo bueno que recibimos en nuestros primeros años, con lo bueno que hemos aprendido fuera de la familia, y con aquellas nuevas ideas y conocimientos que nosotros mismos hemos generado, y así, tener la mezcla perfecta, para responder de una manera original y única a la vida.
Será nuestro trabajo entonces, descubrir que existe la diversidad, que podemos transformarnos y modificar de a poco nuestra postura de vida, hasta encontrar la que sea más congruente con nuestro corazón, con nuestra conciencia, con nuestra historia, nuestra forma de estar en el mundo.
Y RECUERDEN, TODO SALDRÁ BIEN AL FINAL, Y SI LAS COSAS NO ESTÁN BIEN, ENTONCES, TODAVÍA NO ES EL FINAL.









