José Ortega y Gasset, filósofo español, señaló que el bienestar de las democracias, independientemente de su tipo y estado, depende de un pequeño detalle técnico: el proceso electoral, todo lo demás es secundario, dijo.
Hoy, que en el mundo no corren buenos vientos para la democracia, es necesario repasar ese pequeño detalle técnico.
La normativa electoral mexicana está llena de disposiciones que regulan cada paso del proceso electoral.
Se ha dicho que tenemos un sistema electoral barroco, cargado de normas y disposiciones que no son sino producto de la desconfianza de un régimen en el que las elecciones tenía ganadores predeteminados y la voluntad popular se utilizaba para que las decisiones cupulares tuvieran una carga de legitimidad y legalidad.
Desde las primeras reformas a las leyes electorales se ha buscado ampliar la participación de las minorías en la toma de las grandes decisiones nacionales y generar condiciones de igualdad en la competencia política.
Todo ello ha incidido en que el marco normativo que sistematiza las leyes y disposiciones que regulan los comicios en México se hayan ido especializando, creando no solo un robusto conjunto de reglas en el ámbito administrativo electoral sino también todo un sistema jurisdiccional para resolver las diferencias entre las fuerzas y actores políticos.
Es así que desde la instalación de los consejos locales y distritales del INE, que son actos inaugurales con los que da inicio el proceso electoral en cada entidad y distrito, se encuentra normado por leyes, reglamentos, disposiciones y lineamientos.
Así sucede también con cada acto, con cada etapa de los comicios. El pequeño detalle técnico del que hablaba Ortega y Gasset en nuestro país encuentra debidamente regulado y organizado.









