Gregg Gonsalves, profesor de Epidemiología en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Yale, es muy claro en su afirmación: No hay un final de la pandemia.
Y la compara, en el diario The New York Times, que pasará igual que con la pandemia del Sida. Las investigaciones sobre la enfermedad estaban a todo lo que daban, pero una droga tras otra fracasaba en su intento por frenar el VIH.
Continuaron sin cesar los funerales de los enfermos, igual que sucede ahora. Eso fue de 1990 a 1996, cuando surgió una nueva generación de tratamientos llamados inhibidores de la proteasa que eran capaces de controlar el VIH. La enfermedad del Sida no acabó del todo.
Casi tres décadas después, hay una pandemia diferente. La humanidad tiene suerte: hay vacunas contra el covid-19 y también son revolucionarias.
Y una vez más, el deseo de volver a la normalidad y declarar el fin de la enfermedad, al menos para una parte del mundo, es palpable tras dos años de muerte, sufrimiento y penurias.
Lo refleja el hecho de que los gobernadores en Estados Unidos han quitado los mandatos de usar cubrebocas. Hay una desmovilización que muchos sugieren está supeditada a lo que ocurra con las variantes nuevas, pero que fácilmente podría convertirse en permanente. Gran parte de EU ha dejado atrás el covid-19 o quiere hacerlo.
También queda claro que el virus estará durante el futuro previsible y que también seguirá las líneas de fractura trazadas por la desigualdad económica y social en Estados Unidos. Persistirá en países, como muchos en África, donde la gente tiene un acceso insuficiente a las vacunas contra el coronavirus.
Algunas personas culparán por las tasas de vacunación bajas a la renuencia de los habitantes de dichos países y no a las farmacéuticas que retienen su tecnología de vacunación e impiden que se amplíe para todo el mundo.
La lección de Sida es que es fácil dejar de lado a la gente, aunque sea a costa del peligro colectivo. Es probable que las variantes del coronavirus se desarrollen en personas con sistemas inmunitarios debilitados que luchan por eliminar las infecciones sin ayuda, como quienes tienen el VIH y no están bajo tratamiento.
Las variantes pueden surgir por el deseo de dejarlo todo atrás. Nadie está realmente a salvo hasta que todos lo estén.
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Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









