A miss Arely, aficionada a los enigmas poéticos
Nuestra infancia enfrenta problemas que los adultos no comprendemos. Son problemas graves que seguramente nosotros no podemos entender ni resolver. En primer lugar porque muchas de las veces estamos tan ocupados en frivolidades que no tenemos tiempo para atender los asuntos realmente serios, como lo son los problemas de la infancia. En segundo lugar porque nuestra excesiva atención a lo cotidiano y banal nos ha hecho estúpidos ante los problemas de la infancia. Seguramente con ‘problemas de la infancia’ pensamos en aquellos relacionados con algún tipo de violencia intra o extrafamiliar, y pensamos esto porque para nosotros, los adultos, todo problema va ligado a la violencia, pero en este caso no. El asunto es serio, no tiene nada que ver con la violencia, pero a fin de cuentas es un problema al que nuestra infancia se enfrenta. ¿Podremos hacer algo para ayudarla?
De los problemas de la infancia rara vez nos enteramos porque preferimos desperdiciar nuestro tiempo en actividades fastidiosas y laborales que disfrazamos de importantes y respetables, cuando no son más que meras rutinas estériles, para no sentirnos culpables. Los problemas de la infancia ocurren en donde nuestros niños pasan el mayor de su tiempo y este lugar es la escuela. No importa si nuestros niños se educan en el aula o en la casa, pues a fin de cuentas los problemas escolares los alcanzan con el único fin de confundirlos con preguntas que ni siquiera nosotros, los sapientísimos adultos, resolveríamos. ¿Acaso no será que las mentes que están detrás del sistema educativo maquilan perversas preguntas para nuestra infancia a fin de perpetrar una especie de venganza contra quienes todavía no son adultos aburridos?
¿Pero de qué problemas estamos hablando? ¿Qué es aquello que mortifica a nuestra infancia mientras nosotros jugamos (la vida es siempre juego, simulación) a ser unos sabiondos? Resulta que en una de las páginas del libro de lecturas destinado a los niños que tienen aproximadamente diez años de edad hay un poema llamado “Canciones del sinsentido”, de la escritora uruguayo–mexicana Ulalume González de León. En el libro de lecturas (¿acaso un libro es para algo más que leerse?) aparecen únicamente dos de las cuatro estrofas que conforman al poema y a fin de poner en claro a qué tipo de problema se enfrenta nuestra infancia con este poema (interesante que ‘poema’ rime con ‘problema’, ¿acaso no todo poema es un problema y viceversa?), leámoslo completo y después hagamos las respectivas preguntas:
«1. A veces uno se encuentra con alguien que no está allí y que al día siguiente otra vez no está allí y uno se pone a desear que ese alguien nunca se vaya para poder no verlo siempre. 2. Fui a visitar a nadie en su casa vacía y nos dijimos nada. Le di lo que no tengo. Esto pasó mañana. 3. Apenas era: era un umbral no cruzado. Las ganas de saltar de este lado a aquel lado. Si no hubiera otro lado? Las ganas de saltar. Y perdidas las ganas? El salto para atrás. 4. Corrían tras las palabras que corrían tras sus sentidos que corrían. Nadie alcanzó a nadie. Todos corrían por espacios separados. Todos envejecieron»
Como ya se dijo, nuestra infancia enfrenta graves problemas, o mejor sería decir que enfrenta únicamente la mitad del problema porque en el libro aparece sólo medio poema. Una vez leído el poema lo que se espera es que nuestros niños respondan a preguntas como las siguientes: «¿Quién no está allí? ¿Cómo estaba la casa de nadie? ¿Cuándo pasó todo esto?» Ahora preguntemos nosotros: ¿Es que acaso es posible responder lo anterior cuando el poema mismo lleva por título la palabra “sinsentido”? Posiblemente no, pero intentémoslo.
Ulalume González de León vivió entre los años de 1932 y 2009. Nació en Uruguay, pero se naturalizó mexicana. Ella heredó de sus padres su inclinación a la poesía, pues también ellos fueron poetas y quizás esto explicaría la razón por la que nuestra autora se llame Ulalume, el mismo nombre con el que Edgar Allan Poe bautizó a un poema que publicó en 1847 y cuyo tema es la muerte de una mujer vinculada a la poesía. Ulalume escribió principalmente cuentos y poemas, aunque en palabras de ella todo acto de escritura es siempre un plagio, pues desde que los primeros poetas hablaron de la vida, la muerte y el amor nada nuevo se ha añadido; en una entrevista dada a Elena Poniatowska, Ulalume afirmó que «Toda la poesía es plagio porque desde siempre los poetas hablan de lo mismo: amor, muerte; tiempo..»
Pero no nos desviemos. El tema aquí no es tanto la biografía de Ulalume, sino sus “Canciones del sinsentido” que tantos problemas dan a nuestra infancia desde que los directivos del sistema educativo los bombardearon con preguntas que seguramente ni ellos podrían responder. En total tenemos cuatro canciones y en cada una de ellas hallamos palabras clave que le dan un sentido al sinsentido, éstas son: encontrar, visitar, saltar y correr. Como puntos cardinales, estos verboides recrean una atmósfera que a veces se asemeja más a la de la muerte y otras a las del recuerdo, que a fin de cuentas es lo mismo, pues toda muerte siempre es recuerdo. De las cuatro canciones, la primera es la más intensa: «A veces uno se encuentra con alguien que no está allí y que al día siguiente otra vez no está allí y uno se pone a desear que ese alguien nunca se vaya para poder no verlo siempre.» Ese alguien que no está es el recuerdo del ausente–presente que el tiempo mató y que la memoria resucitó y es a partir del encontrar, visitar, saltar y correr que la interacción con ese ausente–presente, con ese sinsentido, ocurre; pero claro, esto ya lo saben los líderes de la educación que tantos líos dan a nuestros niños.
Nuestra poeta Ulalume no vivió sus últimos años, pues enfermó de alzheimer. El origen de su nombre quizás esté en el latín ‘ululare’ que es ‘aullar’. Ulalume creyó que toda escritura es plagio y en su caso también fue olvido. La voz de nuestra Ulalume se fue apagando como la de la Ulalume de Poe, quedando solamente problemas para nuestros niños y un aullido en el olvido.









