Se le llama “tiro” o “tirito”, en lenguaje infantil, a una canica especial que un jugador lanza para darles a una a varias canicas del jugador o jugadores contrarios.
Si le da a una, acertó el tiro y se produce un chasquidos resultante del golpe.
Ta vez de ahí provenga esa forma coloquial de “echarse un tirito”, o sea, de darse unos moquetes como cuates.
A propósito de ello, esta vez es difícil no estar de acuerdo con el gobernador poblano, Luis Miguel Barbosa, quien recomendó, ante esas actitudes hostiles de algunos estudiantes, “echarse un tirito”, y ya, tan compañeros o amigos como siempre.
Esto lo ilustra muy bien un maravilloso poema del argentino Antonio Alejandro Gil, que sin duda al gobernador podría gustarle. Se llama “Infancia”, y helo aquí:
“Se encontraron en la plaza/ por primera vez, y ya/ como viejos conocidos/ comenzaron a jugar;/ y por una bagatela/ se pegaron sin piedad./ Terminada la contienda/ cada cual se fue a su hogar, incubando la venganza/ más terrible y ejemplar;/ y al hallarse al otro día,/ … ¡se pusieron a jugar”
Así son los niños. O eran.
Y es que los de ahora, con tanta violencia explícita en los medios de comunicación tradicionales y en la redes dizque sociales, el umbral de maldad ha crecido y ha afectado especialmente a los niños y adolescentes.
Por tanto, más vale que los padre y docentes estén al pendiente de esos “tiritos” pues en más de una ocasión salen a relucir “tiros” de plomo, como ya ha sucedido en una que otra escuela.
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Lic. en Letras españolas egresado de la BUAP, escritor, autor de cerca de 40 libros.









