Ya después de que el PRI se flageló tras las elecciones en que perdió cuatro de seis gubernaturas, hoy ponen en la mesa la posibilidad de cambiar las dirigencias estatales y nacional.
Sin embargo; si el priismo quiere evolucionar en vez de involucionar, debe al menos dejar a sus dirigentes porque la culpa no es de ellos, sino de años de malas decisiones.
Por eso, según este reportero, para subsistir y brincar la etapa de la 4T, el PRI tiene que hacer al menos cinco cosas:
1. Cambiarse el nombre. Las empresas son ejemplo de que cuando no hay forma de recuperar la reputación de sus marcas, no se tienta el corazón para matarlas y lanzar productos nuevos. Y el PRI dejó de ser una vaca lechera.
Véanlo bien. Morena es un PRI reloaded: Sus líderes, candidatos, promotores y operadores son priistas. Nunca dejaron de serlo, pero al pasarse a otra marca, ¡pum! Pasan como nuevos, “demócratas” y hasta “decentes” y progresistas (aunque no lo sean en realidad).
2. Revisar dónde es fuerte el PRI. Estado por estado. Ciudad por ciudad. Y ahí, aprovechar sus reales para captar el desánimo social que generará la 4T en estados donde ha tenido pésimas actuaciones, como Veracruz y Morelos.
3. La curva del bono democrático puede durar sólo seis años en donde realmente están haciéndolo muy mal. Por eso, la alianza del PRI con el PAN y el PRD debe durar más que solo la elección del 2024.
4. Debe atraer todo el desánimo de las cúpulas, los académicos e investigadores de las universidades públicas, quienes fueron vapuleados por el presidente, el Conacyt y la SEP.
5. El PRI debe atreverse a reconocer que su principal error fue que dejó de pensar en el futuro para pensar en el hoy. Y los peñistas sólo vieron cuánto dinero podían llevarse “hoy”, quizá porque sabían que no iba a haber un mañana.
Por estas cosas que debe hacer el PRI, es que no debe cambiar la dirigencia, porque corre el riesgo de convertirse en marioneta de la 4T y traicionar lo que les queda de ideología.
Por el contrario, el PAN a nivel nacional tiene una marca mejor posicionada, más confiable y rentable, con posibilidad de crecimiento, aunque fragmentada al interior, y sin recursos.
Pero tienen algo bueno: las posturas ideológicas en que se basan son mayoría en zonas como Guanajuato, Puebla, Morelia y Querétaro, desde donde pueden armar un frente de crecimiento importante. La ciudad de México, de hecho, puede dar sorpresas porque prácticamente la mitad es gobernada por el PAN, y Sheinbaum saldrá muy debilitada por la lucha interna y los propios coscorrones que significa gobernar.
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