Aunque “sevicia” parezca una fea palabra, no lo es; no al menos en el sentido de grosería. Es fea, sí, por lo que significa: maldad extrema, esa que sólo algunos individuos con cerebro reptiliano muy desarrollado son capaces de perpetrar. En este caso, hago alusión a una nota que circuló hace unos días: en un parque de la Ciudad de México (alcaldía Gustavo A. Madero) hallaron el cadáver crucificado de un perrito, decapitado además y con signos de tortura a base de golpes que le causaron exposición de órganos.
¿Quién o quiénes pueden ser capaces de realizar un acto detestable como éste?
Según la nota difundida, la policía ya se encarga de investigar. Por lo pronto, los usuarios de redes, sin excepción, repudiaron el acto.
Toda proporción guardada, se parece a los linchamientos de personas de los que hemos tenido conocimiento.
En ambos casos los hacedores de acciones de tal naturaleza deben de estar enfermos, y por tanto son sujetos peligrosos hacia los cuales los abrazos no valen, porque no pueden ser humanos, por más que el Presidente se afane en conferirles humanidad.
Estas acciones son como todas aquellas que entrañan daño a terceros, y sobre todo daño cruel y extremo, y que no se van a erradicar dando consejos a través de los libros de texto como los que se están diseñando en la SEP, pues los consejos les entran a los alumnos por un oído y les salen por el otro. Lo que se requiere, y disculpas por insistir, es que los alumnos y los docentes lean, que lean mucho, todo tipo de obras literarias. Porque es sensibilizándose a través de las emociones como se pueden erradicar estas prácticas atroces y cavernarias.
O sea, una vez más, la solución radica en la educación, pero de calidad, no como la que propugna no reprobar, pues será muy grave el daño que de esta medida se derive. Al tiempo.
Gracias y hasta el próximo jueves.
* Lic. en letras españolas. Escritor, autor de carca de 40 libros. Conferencista.
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