Se armó un revuelo por la frase que Jill Biden, la esposa del presidente norteamericano, usó para elogiar a los mexicanos, al declarar que somos tan únicos (o singulares) como los tacos del desayuno.
Hay una historia acerca de un hombre que les pregunta a sus tres hijas cuánto lo quieren. Una dice que lo quiere tanto como al oro. La otra tanto como a la Luna. Y la más chica declara que lo quiere tanto como a la sal. El padre, despechado, monta en cólera al considerar que eso era muy poco cariño, y por eso la deshereda y la corre. Pero cuando come y no hay sal, se da cuenta de que en realidad esa hija era quien más lo quería.
Así los tacos del desayuno de Jill Biden: cerca del estómago, y por tanto del corazón. De donde se infiere que su dicho fue en el fondo un elogio, aunque la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos lo calificara como “fallido intento de elogio”, pues nos estereotipa, señaló, puntualizando que quienes le redactaron el discurso deberían de “comprender mejor la complejidad de la gente de México”.
Yo agregaría: y deberían de comprender mejor la complejidad del idioma español, así como del inglés, y de todos, pues todos tiene lo suyo.
La palabra “taco” es tan compleja que, aparte de ser considerado alimento “típico” de nuestra gastronomía, es polisémica, es decir, tiene muchos significados, además del que le da la Academia de la Lengua: “tortilla de maíz enrollada, con algún alimento dentro, típica de México”. En efecto, he aquí algunos: trozo de madera, artefacto para empujar la bolas de billar, problema complicado, palabrota (como una mentada…), etc.
El idioma es muy complejo. Por eso quien lo domina tiene poder.
Gracias y hasta el próximo jueves.
* Lic. en letras españolas. Escritor, autor de carca de 40 libros. Conferencista.
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