Como sucedería en una escena de «Legalmente rubia», una güera despampanante vestida completamente de rosa robó miradas, generó cotilleo y críticas de los chichifóbicos.
Florece Pugh, actriz nominada al Óscar por su participación en el remake de «Mujercitas», se presentó en un desfile de Valentino usando un vestido de la marca; vestido que para ojos de muchos fue «transgresor».
Color rosa Barbie, corte princesa con tul y un gran detalle: top transparente que dejaba ver sus pez0nes por completo.
Desde el momento que decidió usarlo, Pugh sabía que causaría controversia. Y es que a pesar de que ella se mueve en un ambiente mucho más liberal para las mujeres – como es la industria cinematográfica – las reglas invisibles sobre la imagen femenina son latentes y parlantes, sino no habría tantos shows tipo «policía de la moda».
La elección de vestuario de una mujer, rara vez es noticia por ser «buena»; casi siempre se viralizan los atuendos más rídiculos, estrafalarios y como en el caso del vestido rosa Valentino de Florence, los escandalosos.
Que tu outfit conduzca la conversación hacia «tus valores» es un fenómeno que nos ocurre mucho más a las mujeres que a los hombres – por no generalizar e invocar a los del «#MenToo».
En el caso de Florece dijeron que no era correcto, que no había necesidad, que se veía vulgar, que fue para robar reflectores… en el caso de las mujeres con vidas menos glamourosas dicen «se viste así para provocar» o más grave aún, «por eso las matan».
Más descarados y nefastos aún, los usuarios que, aprovechando la transparencia, se atrevieron criticar el cuerpo de la actriz. A esos audaces que opinaron sobre la firmeza, tamaño y forma de sus senos, quisiera escucharlos ser tan exigentes cuando hablan sobre sí mismos.
Hombres, pregúntense cuándo fue la última vez que alguien les dio una opinión no pedida sobre la talla de su camisa, el ajuste de sus pantalones o el tamaño de sus zapatos.
Bueno, pues esto nos ocurre todo el tiempo a las mujeres. Desde la infancia tenemos la misión de vernos bien, y de comunicar con nuestra ropa que somos femeninas, decentes y al mismo tiempo, deseables. Y si no lo hacemos, hombres y otras mujeres al rededor, se sienten con el derecho de opinar y hasta «aconsejar».
Si osamos elegir ropa para sentirnos sensuales, se nos exige cumplir con ciertos estándares de belleza: ser altas, delgadas y tener «todo en su lugar».
En esta y todas las épocas, ser mujer y no aparentar perfección es tema de debate y discusión. Y si no pregúntenle a mujeres de cuerpo diverso que se atreven a usar crop-top, mini falda o autuendos que no estén diseñados para esconder sus imperfecciones.
Aunque personalmente yo no me sentiría cómoda mostrando mi pecho al desnudo – mucho menos frente decenas de fotógrafos y criticones – reconozco que ella lo hizo bien.
Con cara de póker, como diciendo «sí, estoy mostrando mi pecho y no me interesa tu opinión», Florence caminó segura y decidia por esa alfombra roja.
¿Y por qué tendría que interesar la opinión de alguien más que la de ella?
Después de la lluvia de hate que recibió, Florence mandó un mensaje:
“No es la primera vez y ciertamente no será la última vez en que una mujer escuche lo que opinan sobre su cuerpo una multitud de extraños, lo que es preocupante es cuán vulgares pueden ser algunos hombres”
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema y también con pasas.
Foto: Getty Images









