Hay una charla que suelo impartir en escuelas a padres de familia, estudiantes y docentes, acerca de la importancia de estudiar.
Les comento que cierta vez un periodista le preguntó a un secretario de educación pública federal por qué era importante estudiar. Y éste le respondió más o menos lo siguiente:
Hace siglos eran pocos los alumnos de origen humilde (hijos de panaderos, herreros, campesinos) que tenían acceso a las universidades. Cuando lo consiguieron, tuvieron que cargar con la ignominia de que al final de sus nombres, en las listas, colocaran las letras SNOB, acrónimo de la frase latina “sine nobilitas”, esto es, sin nobleza.
Con el tiempo, esos hijos agregaron a su humilde nombre sin nobleza el nombre de la carrera que habían estudiado: Peter Herrero (o sea, hijo de un herrero), o John Rivera (porque vivían en el campo junto a un río), cambiaron a Doctor Peter Herrero o Licenciado John Rivera.
Es decir, gracias al estudio pueden desaparecer las clases sociales. Porque el conocimiento iguala a las personas.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando ese conocimiento es escaso, mediocre o nulo?
Pasa que ese doctor o licenciado no sirven, y aun con su título no podrá hallar la igualdad social con nadie.
He aquí la importancia de que se refrende el valor del conocimiento, de adquirirlo para a la vez impartirlo, replicarlo y servir con él a la sociedad.
Esto viene a cuento por la decisión de las actuales autoridades educativas de no reprobar a ningún alumno, con el pretexto de la pandemia por COVID, o porque si los reprueban se “trauman”.
Y también con algunas riesgosas propuestas de ciertas autoridades, como Claudia Sheimbaum, quien ya expuso la idea de que los egresados de secundaria no hagan examen de admisión para entrar a prepa, pues tienen derecho a ingresar sin más. Vive dios, dijera el cura Lorenzo Quart, personaje de la novela “La piel del tambor”, de Arturo Pére-Reverte.
Entonces, que no haya examen para sacar licencias de conducir y que quienes manejen lo hagan como cafres, atropellando gente y causando accidentes.
Y que a nadie le hagan examen de nada, no sea que se traume.
Mal negocio desdeñar la importancia del conocimiento en aras de una mal entendida corriente de “inclusión, oportunidad o derecho para todos”.
Peor negocio, para el presente y sobre todo para el futuro de México en el concierto global.
Gracias y hasta el próximo jueves.
*Lic. en letras españolas. Escritor, autor de carca de 40 libros. Conferencista.
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