Es difícil resumir el legado de los hombres que, por sus aportaciones a la humanidad, sobresalen, dejando una huella imborrable para la posteridad.
Por ello, el día de ayer en sesión solemne del Congreso del Estado, conmemoramos el 130 aniversario del natalicio de Gilberto Bosques Saldívar, ilustre poblano referente de la diplomacia mexicana en el mundo.
Periodista, político, diplomático y con vocación pedagógica, Bosques Saldívar fue uno de los grandes personajes que, al contar con una sólida formación revolucionaria, pudo desempeñar cada una de sus responsabilidades con pasión, rectitud, visión de futuro, sobreponiendo en todo momento el trato humano y la justicia.
En el plano diplomático ha sido reconocido por varias generaciones después de sus acciones heroicas que salvaron a decenas de miles de personas durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los episodios más cruentos de la historia.
A partir de este hito, cambió la vida de los refugiados que encontraron en nuestro país una segunda patria, en la que pudieron aportar su capacidad y talento en beneficio de México.
Con la vocación pedagógica que lo distinguió y de la mano de otro político de alta calidad humana y moral como lo fue José Vasconcelos, un hombre que impulsó la escuela rural mexicana con un modelo educativo que buscaba la educación integral, crea Aztlán Editores, en donde se publicaron revistas de divulgación con un profundo sentido social.
Poblanos destacados como Bosques Saldívar, constituyen un acto de resistencia al olvido, por ello, su nombre fue grabado con letras de oro en el Congreso del Estado de Puebla, como un recordatorio a su legado y que es inspiración para quienes trabajamos cada día en ser mejores representantes populares.
Servir con sencillez, con la clara idea del México que queremos heredar para nuestros hijos y las futuras generaciones, es parte de las cualidades que caracterizaban al originario de Chiautla de Tapia.
Por ello no es casualidad, que hoy en día, escuchemos expresiones de reconocimiento a su labor por parte de los descendientes de aquellos que este mexicano universal liberó de un destino funesto, del cual desafortunadamente millones de personas no pudieron escapar.
«No fui yo, fue México», es la frase que ejemplifica de manera contundente la modestia, solidaridad y voluntad inquebrantable del Schindler mexicano.
¡Qué viva don Gilberto Bosques Saldívar!









