¿Sabía usted que el odio es un sentimiento negativo que solo hace daño a quien lo siente y padece y a las personas odiadas no les llega nada de ese odio?
Odiar supone mostrar o sentir una profunda animadversión contra alguien, a quien se atribuye alguna humillación u ofensa, y desearle algún tipo de mal. El odio no necesariamente se encamina a acciones directas de maldad, como agresiones o insultos.
Más frecuentemente, el rencor se manifiesta en forma de calumnias o, de un modo más sutil, en forma de difamaciones malévolas y constantes.
De acuerdo a Enrique Echeburúa, catedrático emérito de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, Académico de número de la Academia Vasca de las Ciencias, Artes y Letras y de la Academia de Psicología de España, la humillación, más aún si es pública, es el motor principal del odio, sobre todo en personas inseguras.
El experto publicó en el diario español El País que el efecto del rencor se ha hecho más visible actualmente en las redes sociales, como racismo y xenofobia, homofobia o descalificación personal de los adversarios políticos, debido al anonimato.
Desde el punto de vista de la salud, el odio es un sentimiento negativo que solo hace daño a quien lo siente y padece ya que a las personas odiadas no les llega nada de ese odio, es algo así como beberse un veneno y esperar a que muera la otra persona.
A nivel físico, se genera un estado de excitación que puede producir tensión muscular, malestar gastrointestinal, hipertensión y sentimientos de sobrecarga y a nivel psíquico, el odio supone un reconocimiento doloroso de la impotencia o inferioridad ante la persona odiada.
Vivir con rencor o con deseos de venganza es malo para la salud porque genera más odio, nunca termina de extinguirse y crea una excitación emocional negativa en la persona que lo padece, por lo que es un mecanismo de adaptación negativo. Algunos, por un fenómeno de generalización, tienen un resentimiento contra el mundo entero.
El odio es muy resistente a la extinción, a veces se atenúa durante algún tiempo o pierde intensidad cuando la persona tiene algún éxito personal o profesional o se aleja física y emocionalmente de la persona odiada.
Prevenir el odio supone potenciar la estabilidad emocional, la empatía, el perdón y la capacidad de admiración por los logros de los demás.
Periodista. Catedrática de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la BUAP. Pionera en Puebla de noticiarios y programas de radio con perspectiva de género desde 1997.









