Una reflexión por el inicio del ciclo escolar 2022-2023
Se cuenta que el gran filósofo Bías de Priene, considerado uno de los siete sabios de la Grecia antigua, dijo lo siguiente:
“El hombre debe aprender que la sabiduría es el único instrumento que tiene para pasar de la niñez a la edad anciana con dignidad y sin altanería, pues es su posesión más valiosa y menos perecedera. El hombre puede así regular y planear su estancia en el mundo teniendo en cuenta tanto una vida larga como una vida corta.”
Sin embargo, mientras este sabio prienés hacía tales recomendaciones, sus amigos se reían de él y se dedicaban a atesorar bienes materiales.
Cuando los habitantes de la ciudad de Priene se enteraron de una inminente invasión persa y tuvieron que desalojarla para huir, todo mundo se apresuró a empacar sus cosas y a recolectar las posesiones materiales que podían trasladar, pues sabían que la invasión traería consigo el saqueo.
Cuando en el camino se toparon con el sabio Bías descubrieron que no llevaba equipaje alguno. Al preguntarle la razón de que fuera prácticamente con nada, el sabio se apresuró a señalar su cabeza y a contestar: Omnia mea mecum porto, frase latina con la cual se recuerda su famosa respuesta dicha por supuesto en griego: “Todo lo mío lo porto conmigo.”
Ésta podría ser una anécdota digna de ser contada y repetida entre aquellas personas que son reacias al aprendizaje, o que renuncian al intento cuando sus hijos deciden ya no estudiar. Más de un padre se limita a decir: “Allá tú y tu mala cabeza.” Y esto, por cierto, suele darse en los periodos de cambio de cursos escolares.
Padres de familia y maestros, autoridades educativas incluidas, deberían de hacer esfuerzos extremos para imbuir en el espíritu de la gente el deseo de aprender.
Y que conste que no me refiero sólo al hecho de ir a la escuela para tener una enseñanza formal que nos provea de algún título.
De ninguna manera: las muestras de destacadas personas que jamás fueron a una escuela, pero que se preocuparon por aprender leyendo libros, o intercambiando ideas con quienes saben mucho, nos indican que para adquirir sabiduría no se necesita del aula escolar, sino de ser tocados por el espíritu que impele a aprender.
Sin éste, ningún maestro, ni siquiera Sócrates, sirve.
Tengamos presente, siempre que seamos reacios al aprendizaje, la frase del sabio griego Bías de Priene, aquello de “Todo lo mío lo porto conmigo”, en referencia a que su riqueza, o sea, su conocimiento, la llevaba en el cerebro.
Gracias y hasta el próximo jueves.
* Lic. en letras españolas. Escritor, autor de carca de 40 libros. Conferencista.
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