La situación actual que vive México, es lamentable. El simple hecho de que la ciudadanía se reúna en defensa de la democracia, en un país que sostiene este nombramiento histórico, es vergonzoso. La democracia debería estar en prácticas de consolidación y de fortalecimiento, y no en defensa del poder legislativo, enfatizó Herminio Sánchez de la Barquera y Arroyo, Decano de Ciencias Sociales de la UPAEP.
Herminio Sánchez puntualizó que, es triste defender la democracia de un personaje que ha demostrado que en toda su vida no ha tenido un ápice de convicción democrática, refiriéndose al presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien por el contrario lo señaló como un autócrata con intenciones de revivir los “tiempos de gloria del viejo PRI”, en donde no había competencia y el presidente era el único que tomaba todas las decisiones.
“Que un presidente de la república no asuma su cargo como tal, que no sepa que significa ser la cabeza del estado, que no sepa lo que es ser líder de una fracción, líder de una pandilla, un presidente de la república tiene que mantener una autoridad moral”, aseveró de la Barquera.
Dentro de ese contexto, lamentó fomentar el insulto, el clasismo, aunado a la división de un país en prácticas políticas, a manera de propaganda para incentivar una candidatura presidencial que refrende el autoritarismo al que se converge su administración federal y por tanto, su partido político.

Durante su intervención, Claudia Ramón Pérez, profesora de la Facultad de Ciencia Política y Gobierno de la UPAEP, refirió que las reformas que han contribuido a construir en labores históricas del país, es perfectible en los procesos democráticos, actúa en defensa del consenso, el debate, la discusión, lo que ha permitido que las cosas mejoren en el campo de la política.
Ramón Pérez fue enfática al señalar que las reformas electorales se han llevado a cabo después de registrarse los procesos electorales en turno, al ser estos los que ponen a prueba su funcionamiento en respuestas a las restructuraciones que se le han realizado en sexenios anteriores.
Por lo anterior, asentó que es inverosímil que, en un país democrático, no se permita la apertura al diálogo y a la libertad de expresión, puesto que, manifestar un discurso diferente al referido durante una conferencia matutina, es sinónimo de deslealtad al gobierno federal y en un caso con fines propagandísticos, directamente a la nación.
“Hoy estamos a 18 años de un proceso electoral, un proceso que se puede llevar a cabo, pero no bajo estas condiciones, no bajo estas dimensiones. Es algo que debemos entender, no se puede dar una reforma cuando se presentan descalificaciones, no hay apertura al diálogo, que buscan minimizar. En México ya tenemos mucho con las diferencias existentes en la sociedad, la desigualdad y la pandemia nos han dejado otras como para seguir atizando con estas cuestiones, cuando se deberían presentar asuntos que nos deberían de convocar a sumar y no a restar en el país”, sentenció Ramón Pérez
Por su parte, Juan Pablo Aranda Vargas, director de Formación Humanista de la UPAEP, indicó que en el campo de la política las emociones cuentan y como ejemplo precisó de ello, la reforma electoral en cuestión, es una revancha política, porque el presidente de México está convencido sin ningún dato que lo refute, que el Instituto Nacional Electoral (INE), le robó la contienda electoral del 2006. Cuando la reforma surge a partir de este tipo de sentimientos, las cosas carecen de fundamentos válidos.
En ese sentido, Aranda Vargas profundizó que, en el caso de la reforma de López Obrador al INE, está direccionada al centralismo, debido al impulso de esta modificación, con base a un latente resentimiento que, con una ingeniería legal con datos reales, la reforma no hace el mayor sentido, al carecer de una justificación detrás de los cambios y que, de lo contrario, argumenta una contradicción en su discurso histórico en calidad de candidato.
Finalmente, Aranda Vargas subrayó que la marcha en defensa del INE, tuvo por objetivo poner en evidencia una molestia, una preocupación y rechazo por parte de la sociedad, a ciertos aspectos de la reforma política electoral, al señalar un retroceso a la búsqueda de un régimen democrático.









