Como cada cuatro años desde hace casi un siglo, pero de manera realmente global desde que se han televisado, gozaremos de un mes de relativo eclipse informativo. Las noticias en sus diferentes escalas compartirán espacio con los resultados de los encuentros de futbol que culminarán coronando un campeón. A manera de paréntesis, sin sustituir, pero afectando ánimos y disposición, una parte importante de la población seguirá lo que ocurre en Catar. De hecho, parte de nuestra memoria se organiza por dónde estábamos y con quién vimos qué juegos en cuáles mundiales. Dependiendo de cómo nos interpelen una o más “escuadras representativas” es como se padecerá gregariamente. Si bien hay especialistas que buscan orientar y alentar las expectativas, en este caso salen sobrando pues se trata del desborde de ilusiones. Aquello que suele ser de lo más irrelevante logrará prender ánimos y pasiones.
Para el caso del cuadro mexicano se espera poco. Dada la regularidad que ha mostrado desde 1994 superando la fase de grupos para perder en el cuarto partido durante seis mundiales consecutivos, la expectativa mínima es lograr ese quinto partido. Por el proceso de clasificación y la ausencia del juego de conjunto parece difícil. Inversamente, México ha sido ya el último lugar entre los participantes en su vergonzante desfonde de Argentina 78. Lograr repetirlo sería otra suerte de hazaña, pero lo más probable es que tampoco caiga tan bajo. En términos estrictos, se espera una mediocre fase de grupos con pronóstico adverso para los que muy probablemente vuelvan a ser llamados “ratones verdes”. Queda así por saber a qué equipos seguirán los amigos y sobre eso discutir. Brasil y Argentina, así como España y Alemania, son las que rifan. Seguramente alguno de los equipos africanos deslumbrará, pero nuestro sentido de lo políticamente correcto es superficial y acomodaticio. No da para llegar al grado de adoptarles o reconocernos en “Mamá África”. Asia sigue siendo mayoritariamente ajena por más que sepamos eventualmente se incorporará al conteo del censo.
Como cada cuatro años nos preguntaremos si es acerca del futbol o qué es lo que nos convida al mitote y como cada cuatro años revisaremos las mismas monsergas que van desde lamentar la enajenación inducida, hasta la celebración de la belleza juventud, habilidad y fuerza. Ninguna es del todo falsa como tampoco suficiente. Por un lado, sabemos que no todos los deportes trasmitidos tienen ese mismo efecto; no se puede simplemente programar lo que sea y hacer que la gente consuma como lo hace, mientras que por el otro tampoco es verdad que aun las olimpiadas con su aura universal logren persuadir comparativamente. Hay algo del futbol que mezcla afición, nacionalismo, incertidumbre y goce. Es sobre el deporte y más. Es acerca de saber perder. Nos entretendremos ponderando las virtudes de ese extra al tiempo que debemos ser capaces de seguir hasta más de un juego por día. Dada la hora en que serán las transmisiones se romperán las rutinas laborales y escolares, los bares abrirán más temprano y algunas casas se tornarán en guaridas. Pese a que la mayoría de los seguidores serán hombres, no es ya ninguna excepción se incorporen mujeres a todos los aspectos de la fiesta mundialista.
Indudablemente, los gobiernos aprovecharán la distracción sea para montarse en la ola de entusiasmo, sea para lograr acuerdos impopulares mientras nadie les presta atención. Los triunfos serán de todos, las derrotas de los jugadores. Nuevos trámites serán obligatorios, pero no sabremos nada de eso porque por primera vez el mundial terminará cuando la mitad del mundo y México en particular estará ya de lleno a la fiesta. Todas las empresas aumentarán sus ventas y veremos a los jugadores insignia hasta en la sopa. Quizás la única advertencia que vale es que si les es posible no apuesten. Si bien hacerlo contra México puede ser un buen negocio, no les granjeará simpatías. O si lo hacen que sean orientadas a prolongar el cotorreo. Aquellos que se han alejado de amistades con quienes vieron un mundial previo por la polarización política, tenemos ahora la posibilidad del convite para disfrutar lo efímero e intrascendente. Si el futbol es alegoría de la nada, dotémosle de significados generosos.









