Hace un poco más de 9 meses, específicamente el 25 de mayo del 2022, nos enteramos por los medios de comunicación de un hecho lamentable: una mujer fue atacada de manera cobarde con ácido cuando salía de las oficinas del SAT en Angelópolis, causándole quemaduras de segundo grado en sus extremidades.
Este hecho, me conmocionó, no daba crédito que la crueldad de una persona pudiera llegar a tanto, en ese momento pasaron por mi mente, mi mamá, mi hermana y qué haría yo si a alguna de ellas les sucediera algo así.
Por ello en conjunto con mi equipo de trabajo, nos dimos a la tarea de investigar, documentarnos. Nos dimos cuenta que no se visibilizaba como un delito, eran simplemente lesiones, dejando vulnerables por partida doble a las víctimas, primero, por no contar con la defensa del Estado, y segunda, porque los agresores podrían encontrar mecanismos para no pagar por estas atrocidades.
Es así como el 9 de junio, una semana después de este hecho, presenté una iniciativa para castigar de manera severa y enérgica estas conductas, y de esta forma, enviarles un mensaje claro y firme a quienes intenten agredir de esta manera tan cobarde a las mujeres.
Por ello en el mes de octubre realizamos un foro con Esmeralda, Leslie, Andrea, sobrevivientes poblanas, así como con compañeras de colectivos y de la Fundación Carmen Sánchez y su presidenta que lleva el mismo nombre.
En dicho foro, escuchamos sus testimonios, que además de desgarradores por la naturaleza misma de lo sucedido, nos revelaban una realidad que ignorábamos y esta tiene que ver con conocer desde lo más profundo, desde la raíz, lo que una mujer sufre a partir del ataque, que va más allá del daño físico, porque es en este momento cuando inicia un verdadero calvario, porque es cuando se enfrentan a la indiferencia de las autoridades, que incluso llegan a señalar de culpables por lo que les sucedió a las víctimas, con frases como: “seguro andabas haciendo algo mal” o “te lo merecías”, por mencionar algunas.
Esto simplemente no podría seguir pasando en Puebla.
Ayer Puebla dio un gran avance legislativo en materia de violencia de género, como en mucho tiempo no sucedía.
Ayer, los integrantes de este Congreso votamos a favor de la “Ley Ácida” y con esto aportamos un granito de arena, enviando un mensaje a esta sociedad, de que la violencia contra las mujeres no se va a tolerar, al adaptar las medidas jurídicas para protegerlas eficazmente salvaguardando su integridad y dignidad.
Hay una frase que dice: “hay diputadas y diputados, pero eso no significa que sean legisladores”. Ayer rompimos totalmente esa afirmación, porque esta legislatura ha entendido el compromiso que se tiene con las causas sociales y asume como su principal labor, legislar para mejorar las condiciones de vida de las y los poblanos.
Lo que ayer se votó fue producto del trabajo de las propuestas de la Diputada Aurora Sierra, Tonantzin Fernández, Mónica Rodríguez Della Vecchia, Azucena Rosas Tapia, y un servidor, así como el de las y los integrantes de la Comisión de Procuración Administración de Justicia, presidida por el diputado Eduardo Castillo López y la de Igualdad de Género, que encabeza la diputada Nora Merino Escamilla, a quienes agradezco y reconozco su dedicación y voluntad política para elaborar el dictamen que se aprobó en el Congreso.
En este proceso el único interés que pusimos sobre la mesa fue atender de manera prioritaria esta situación social, en la que no hay rojo, azul o verde, el único color que existe es el de las mujeres; sin protagonismos políticos, entendimos que nuestro deber es atender lo verdaderamente urgente, como lo es visibilizar la problemática e impulsar una reforma ejemplar que castigue enérgicamente a quien cometa este delito.
Estamos conscientes que, como sociedad, como poder legislativo tenemos una deuda histórica con las mujeres, sabemos que estas reformas abonan a la lucha contra la violencia de género, pero también tenemos claro que nada de lo que se haga borrará las huellas que esa violencia dejó en las vidas de Esmeralda, Andrea, Leslie, Carmen, María Elena, por mencionar algunas que fueron víctimas de este delito.
He conocido parte del camino que han recorrido, que ha sido turbulento, áspero y complejo y en parte sin esperanza por no recibir justicia; quiero agradecerles una vez más que me hayan dejado caminar con ustedes sólo una pequeña parte y poder enmendar sólo un poco de su sufrimiento.
Ayer fue el parteaguas de una nueva realidad en nuestro estado y en el país, en Puebla estamos poniendo la muestra de la gran sensibilidad y altura política que se tiene en esta Sexagésima Primera Legislatura.
Este es un gran paso, de muchos que habremos de dar para hacer de nuestro entorno un lugar sin violencia, en el que nuestras hermanas, hijas, madres, compañeras de trabajo, puedan realizar su vida sin miedo y sin el temor de no estar seguras en ningún lado.
*Extracto de mi intervención el día de ayer en tribuna en el Congreso de Puebla*.









