Es poco probable que escuchemos una declaración tan cínica de parte del presidente, como aquella que “la pandemia nos cayó como anillo al dedo”, respecto al siniestro de la noche del 27 de marzo del corriente en Ciudad Juárez. Sin embargo, al sobreponerse noticiosamente al proceso de renovación de los consejeros electorales del INE, ciertamente eclipsa la tosca manipulación y avasallamiento del plan C. No sabemos cómo, pero se aprovechará de la infeliz coincidencia. Igualmente, la tragedia de los inmigrantes supuestamente por deportar será utilizada por “adversarios” y “enemigos” tratando de cobrarse cuentas pendientes, sacar raja, y llevar agua a su molino político-electoral. Dentro del mismo gabinete, los aspirantes a la candidatura del nuevo partidazo-aplanadora, que él llama “corcholatas”, lo utilizarán para intentar descarrilarse, cuando no inutilizarse. En un país en que las masacres, infamia y crueldad son la norma, acompañando al lirismo con que se relativizan, no se puede esperar más de las fuerzas improductivas ni cuantimenos de la irresponsable inconsciencia. Al otro día del siniestro, el presidente atajó que los quemados murieron así porque ellos provocaron el incendio al amotinarse. Todo parece ese es el caso, pero omitió mencionar que los responsables del Instituto Nacional de Migración respondieron tardía y torpemente, dejándoles achicharrarse antes de intervenir.
El incendio siguió un patrón bien conocido para el personal del INM, dependiente de la Secretaría de Gobernación. Ante la amenaza real o imaginada que serán deportados o simplemente sometidos a regulaciones mínimas, distintos grupos de inmigrantes ilegales se amotinan. Por lo general se achaca tal iniciativa a los cubanos, pero en el caso de Juárez éstos están ausentes. En contraste, los haitianos han optado por medidas que intentan avergonzar a la burocracia y sociedad mexicana con la acusación (fácil de probar) de racismo. En este caso está por confirmar se les iba a deportar, pero es una probabilidad. Tampoco es determinante, pues muchas otras instancias menores como el tomarles las huellas dactilares para confrontarlas con registros penitenciarios de Centroamérica han sido resistidas violentamente. En sí, todos los que profesionalmente tratan con esas poblaciones, desde las iglesias, las Organizaciones No Gubernamentales (reclamando ser de la sociedad civil, siendo proxis de más que eso) y por supuesto el aparato burocrático del estado mexicano con sus policías federales y estatales, conocen el repertorio de reacciones de los migrantes. Desde el saber posar para las cámaras y reporteros en busca de una nota melodramática, sus arreglos con ONGs y pepenadores de fondos (fundraisers), fotógrafos con inclinaciones artísticas o de sensacionalismo, hasta los procesos de documentación para poder determinar la elegibilidad de visados y permisos temporales para transitar o permanecer en México. No cabe pues la excusa que ignorasen lo qué podría pasar. De ahí que la responsabilidad debe ser reconocida primero por la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional de Migración, explicando porque no se contaba con la capacidad para controlarlos ni salvaguardar su integridad, a sabiendas podrían prender fuego a las colchonetas con el consecuente riesgo del incendio y asfixia. Aquí hay dos explicaciones posibles; o bien no se contaba con el personal suficiente y la Guardia Nacional no disponía de elementos de respaldo para someterlos con agua, macana, gases, picanas, etc, o la indolencia que da el lidiar con ellos diariamente dejó pasará, dándoles un escarmiento. No podremos saberlo con certeza, pero lo más probable es que se culpe a agentes y quizás a algún mando medio por falta de “humanismo mexicano” y sirvan como chivos expiatorios. Seguramente a estas horas se revisan los expedientes buscando a aquellos con apellidos “García”, “Luna”, Calderón”, “Zavala” o “Salinas” y así se les pueda presentar para el linchamiento mediático. La investigación de la FGR encontrará evidencia contra el gobierno estatal (panista), eximiendo al federal—fuera de esas “manzanas podridas”—y al “otro López”, mientras que el capellán católico de la migración (Solalinde) será un babeante vertedero de cretinismo, opacando los esfuerzos de sus colegas de las de las otras iglesias, y tratantes de personas en modo activistas.
Mientras estemos atentos como fariseos a la pasión de los migrantes se habrá consagrado el Plan C para lisiar al INE. Incapaces de mayoritear con una reforma constitucional (A), indefendible, por hacer “con las patas” las leyes secundarias (B) a encallar ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sigue la toma del INE por cuadros comprometidamente genuflexos. Todo el proceso de selección de los nuevos consejeros a ser consensuados en la Cámara de Diputados ha sido desaseado. Desde la conformación del Comité Técnico de Evaluación, hasta el haber filtrado las preguntas del examen y la determinación de someter al INE, pero hay garantía que la nueva Consejera Presidenta será seleccionada o sorteada de entre un ramillete de incondicionales. Si bien nadie es responsable de lo que hagan sus parientes, el nepotismo es de las lacras inherentes al patrimonialismo corporativo. No es invento del PRI y su vulgar cultura política, sino la tradición selectiva del residual excrementicio de las formaciones estatales subsecuentes al Imperio de los Habsburgo (compitiendo, eso sí, por grados de asquerosidad). Si bien el criterio de paridad es inevitable, dadas las presiones por aparentar lo que jamás se podrá ser—una sociedad civilizada en el concierto de las naciones—no se entiende porque no se hizo con personas presentables. La hija de, la hermana de, la sobrina de, la cuñada de, sustituye ahora a la sospecha del concubinato. Seguro habrá quién lo considere un avance, pero es la burla involuntaria al criterio de paridad. Entre seiscientos aspirantes, no encontraron a cinco mujeres capaces e independientes, con trayectoria probada y sobrados méritos. No es que no existan, ciertamente las hay, simplemente la encomienda era simular. De las otras tres quintetas, cuyo interés cede ante el descaro de la mal llamada “dorada” (pues deberían ser villistas o bien de la tercera edad), también sabemos van los dados cargados. Tenemos pues otra vez la garantía de una presidencia del INE bajo tenaz sospecha. No es la primera vez, sí que el mandato ahora es inequívoco. Si a Ugalde se le acusó de ser el personero de la concertacesión del PRIAN, ahora no hay duda de que quién “encabece” el acéfalo INE tendrá por encargo agandallarse el proceso del 2024 para morena.
Tras el pornográfico pase de notas sensacionalistas exhibiendo morbosamente cadáveres y lesionados, repatriaciones y entierros, vendrán las bromas de mal gusto y excesos tanto verbales como en memes respecto a “los quemados”. Las víctimas son todos hombres mientras que habrá campañas clamando arribó “el tiempo de las mujeres” con la “consejera presidenta”. Habrá también daño colateral a las posibilidades de las corcholatas masculinas, quedando el campo abierto, hasta la siguiente tragedia, para “la consentida” del gran elector. Ya en otros países se ha pasado por la experiencia de la paridad y mayoría de mujeres al frente de la burocracia, ejecutivo, y parlamentos. También en ellos han surgido las críticas, que no aprenderemos sino por experiencia. La mayoría son predecibles, no cómo es que ahondan las diferencias y disparidad de género para las mayorías. Lo de hoy es el regodeo dentro de la fantasía del techo de cristal. Lo cierto, es que si no se puede pelear contra el plan C como se hizo con el A y B no es porque esté mejor pensado. Sí, por la incapacidad del Comité Técnico de Evaluación para hacer un trabajo probo, el cinismo imperante en la clase política y la infeliz coincidencia del siniestro. Esperemos a ver si ameritan “pase de lista”.









