Hace unos días nos anunciaron un memorándum de entendimiento mediante el cual la empresa española Iberdrola venderá trece centrales eléctricas a un fondo de inversiones apalancado por el Estado Mexicano. En resumen, el gobierno las comprará.
Eso ¿Cómo afecta o beneficia a los mexicanos?
Primero expliquemos que función tienen estas centrales.
La gran mayoría de ellas operan como “Productores Independientes de Energía” o PIE.
Eso significa que son centrales contratadas antes de la Ley de la Industria Eléctrica de 2015, algunas desde el siglo pasado, y se contrataron sólo para venderle energía a la propia CFE.
El resultado de estas licitaciones para CFE fue fenomenal. Comprar energía a estas centrales significaba ahorros de entre 30 y 70 por ciento por cada unidad de energía, en comparación con el costo de generación de la propia CFE. A reserva del parque eólico, que en el momento de contratarse era tecnología cara, los más de 8,400 MW de capacidad de generación eran un ahorro enorme para CFE.
¿Qué sucederá ahora? Que esas centrales las operará la CFE.
¿Eso es bueno?
Según los datos disponibles, la misma cantidad de energía generada por CFE con la misma tecnología, resulta más costosa. El reto para CFE es mantener la eficiencia operativa que tenía la empresa privada en esas centrales y así evitar que haya impacto en el costo de la energía eléctrica.
De no ser así, la energía incrementará en costo. Eso podrá verlo en tarifas más altas o podrían cubrirlo con subsidios más altos. De cualquiera de las dos formas, lo pagaremos los mexicanos.
Ahora, una central eléctrica instalada en México y conectada al Sistema Eléctrico Nacional, debe ofrecer en todo momento toda su capacidad de generación disponible para entregarla al sistema conforme indique el Centro Nacional de Control de Energía. Además, debe ofrecerla indicando el costo de generación. Mientras más bajo el costo de generación que ofrece, más posible es que su energía se reciba en la red. Entonces, los generadores deben ofrecer toda su capacidad disponible al costo más bajo posible.
Por otro lado, la forma del contrato obliga al operador de las centrales a dar el mantenimiento adecuado, y sólo así pueden cobrar. La eficiencia de los operadores y el buen mantenimiento permitía que la energía la tuviera CFE al costo más bajo posible, por eficiencias. O sea, independientemente del dueño de la central, esta estaba totalmente disponible para el sistema y CFE en excelentes condiciones.
¿Qué se ganó con la compra de las plantas?
En realidad nada, las centrales siguen ahí, ofreciendo la misma energía, y en el mejor de los casos seguirá al mismo costo. La evidencia nos sugiere que no será así, ojalá nos equivoquemos.
Pero el presidente ya podrá decir que logró su objetivo de que una empresa del Estado tenga la mayoría de generación de energía.
Mientras, absolutamente todos los problemas reales del sistema eléctrico, como falta de energía en algunas regiones, falta de transmisión para meter más renovables o dar seguridad al sistema, siguen exactamente igual que antes del memorándum; pero el Estado usará 6,000 millones de dólares en algo que nada de esto solucionará.
Cómo sobra el dinero…









