Algo sucede en el sistema educativo que los mexicanos cada vez leen menos, los últimos resultados del Módulo sobre Lectura (MOLEC 2023) del INEGI revelan que el porcentaje que lee ha tenido una caída sostenida desde 2016.
La disminución de la población alfabeta, lectora de 18 años y más cayó 12.3 por ciento en los últimos siete años. Esto significa que mientras en 2016, de cada 100 mexicanos había 80 lectores, para 2023 ya son 68.
De acuerdo con la información del Instituto que busca generar estadísticas sobre el comportamiento del lector, también se destaca que, esas personas lectoras leyeron en promedio 3.4 ejemplares en los 12 meses anteriores a la fecha de levantamiento de la encuesta, que fue durante 2022.
Los datos por sí mismos son reveladores dentro de un sistema educativo que se debate en los ajustes de un nuevo régimen de gobierno que promueve la cultura del mínimo esfuerzo, y para prueba están las personas titulares de la Secretaría de Educación Pública (SEP) federal, quienes este sexenio han tenido un desempeño cuestionado por gran parte de la población.
Apenas en 2016 los mexicanos leían casi cuatro libros al año, con un promedio de 3.8 ejemplares. En 2022 se llegó a la cantidad de 3.4; muy por debajo de los 17 libros en promedio que leen en Canadá o Francia, o de los 12 en Estados Unidos.
La lectura no solamente sirve para construir nuevo conocimiento, sino también permite que se desarrollen pensamientos cognitivos e interactivos, por lo cual, la disminución de mexicanos que se consideran consumidores de libros o cualquier otro material impreso o digital es preocupante.
Otros datos interesantes del MOLEC 2023 es que la población no lectora señala que no fue motivada a asistir a bibliotecas, la segunda razón es porque sus padres o tutores no leían o no los veían leer, por lo que el ejemplo sí puede ayudar a crear más población lectora.
Los recientes datos publicados nos revelan que aún existen deficiencias para aumentar los índices de población lectora en México, mismos históricamente han sido bajos, por la falta de estímulos y condiciones para que el hábito de leer sea en realidad efectivo.









