¡No que no, sí que sí, ya volvimos a salir! ¡No que no, sí que sí, ya volvimos a salir!
Aquí estamos otra vez las indecentes que denuncian la homolesbitransfobia de esta
ciudad; las que no buscamos quedar bien con las autoridades que nos violentan y
nos niegan derechos; las mal portadas que denuncian con todas sus letras el
oportunismo de pseudolíderes que violentan a quienes dicen defender; las históricas
histéricas que durante veinte años levantamos la voz para exigir lo que por derecho
nos corresponde.
Como cada año salimos una vez más a tomar las calles que nos pertenecen para
construir un mejor presente. Como cada año acuerpamos la lucha por una vida
digna y libre de violencias. Hoy, como hace más de veinte años, nos concentramos
para una marcha más de lucha, de fiesta y de protesta. El día de hoy salimos a
hacernos presentes para combatir el odio de los conservadores que nos oprimen, de
quienes nos discriminan por ser quienes somos, de quienes nos maltratan con sus
palabras y acciones sin importar que seamos familia, de quienes nos niegan
nuestros derechos aún cuando trabajan para garantizarlos, de quienes utilizan
nuestras luchas y causas en busca de una candidatura o un puesto en el gobierno,
de quienes lucran con nuestra dignidad a cambio de publicidad y fiestas oficiales, de
quienes nos excluyen de los espacios políticos para que no podamos tomar
decisiones y de quienes nos asesinan con total impunidad.
Y es que, si bien el día de hoy podemos celebrar que tenemos acceso al ejercicio de
derechos como el de la no discriminación, el del matrimonio igualitario y el del
reconocimiento de nuestra identidad en documentos oficiales, aún tenemos muchos
pendientes por resolver… porque, ¿de qué sirven las reformas y leyes si en los
registros civiles persisten los prejuicios y la discriminación que nos impiden ejercer
nuestros derechos? ¿De qué sirven las instituciones si nuestras autoridades y
representantes, como Mónica Rodríguez Della Vecchia, Julio Huerta y Alejandro
Armenta expresan, sin ningún reparo, comentarios discriminatorios contra las
personas trans en espacios públicos en plena carrera electoral? ¿De qué sirven las
falsas voluntades políticas si estas no logran traducirse en mejoras significativas en
nuestra calidad de vida en un contexto de odio, estigmatización y precariedad?
¿Cuándo las y los legisladores de esta entidad entenderán que proteger y
salvaguardar los derechos humanos de las infancias trans no es un capricho
partidista en el vulgar juego de la popularidad en las encuestas? ¿En qué momento
las autoridades de salud van a garantizar el acceso a medicamentos antirretrovirales
a personas con VIH sin ninguna excusa de por medio? ¿Hasta cuándo habrá que
esperar para que la familia de Agnes y las personas que nos son arrebatadas a
diario en crímenes de odio puedan acceder a la justicia sin la negligencia y omisión
de las autoridades? ¿En qué momento contaremos con marcos legales adecuados
que permitan la tipificación correcta de los transfeminicidios para poder siquiera
vislumbrar la posibilidad de pensar en acceder a la justicia?
Nuestra lucha no se reduce a la toma momentánea de una calle y un espacio
público. Nuestra lucha, como decía Agnes, la hacemos todos los días. Combatimos
la violencia y la inseguridad con nuestro orgullo de ser y estar diversas, diversos y
diverses. Reivindicamos la fiesta y la alegría como expresiones de protesta contra la
cisheteronormatividad asfixiante. Recordamos la importancia de nombrar a quienes
dejaron su vida para que hoy podamos contar con mejores herramientas para
enfrentar el odio. Abrazamos y reconocemos el valor de las luchas populares en
defensa de derechos humanos básicos como el del acceso al agua y el de la
defensa del territorio, de quienes buscan a sus hijas, hijos e hijes desaparecides y
exigen justicia por las mujeres asesinadas. Sus luchas también son nuestras luchas.
Hoy, una vez más, estamos aquí para decir:
¡No somos unx, no somos diez, pinche gobierno cuéntanos bien!









