Por Adriana Colchado
En la era de las plataformas de streaming y las redes sociales, la chaviza ha demandado contenidos más diversos, representativos y en sintonía con su realidad. Ante esta necesidad de cambio, las grandes cadenas de televisión nacional han buscado adaptarse y presentar una imagen más incluyente y abierta, alejándose de estereotipos y normas preestablecidas; o al menos eso intentan, muchas veces sin éxito.
En este contexto, el lanzamiento de un reality show con la participación de Wendy Guevara, una mujer trans y celebridad de las redes sociales, plantea la necesidad de reflexionar sobre si esta inclusión es para dar representación a la comunidad Trans, o simplemente es una explotación mediática de ella con fines de lucro.
Wendy Guevara saltó a la fama gracias a las redes sociales después de que se viralizara el video de las “Las perdidas», momento tiktokeable que se quedó en el imaginario de los internautas, convirtiéndola a ella y a sus acompañantes en micro celebridades. Pero su autenticidad y carisma rápidamente le ganaron el cariño del público, otorgándole el título del siglo: influencer.
Es una mujer trans que construyó toda una comunidad subiendo videos de ella compartiendo sus experiencias y opiniones de manera irreverente y sin filtros, haciendo uso de uno los recursos más folclóricos de nuestro lenguaje, el albur; todo mientras degusta y disfruta de los placeres culinarios de México.
Estas cualidades la han convertido en el centro de atención ahora que participa en «La Casa de Los Famosos», una resucitación de los programas de realidad tipo Big Brother en el que se reúne a un grupo de celebridades para cohabitar y ser sometidos a retos y situaciones donde nazca la intriga. Para este tipo de formatos, se busca diversidad, oposición, y personalidades llamativas, evitando la monotonía y propiciando el drama. Naturalmente Wendy encaja aquí por su personalidad.
A primera vista, podría parecer un avance significativo en términos de inclusión, ya que una persona transgénero ocupa un papel protagonista en un medio tan influyente como la televisión nacional, cosa que sería impensable hace no más de 10 años.
Sin embargo, es crucial analizar la situación más a fondo. La televisión, como cualquier otro negocio, busca el éxito y la rentabilidad. Y sí Wendy vende, como lo hace cualquier otra persona con carisma que se dedica al entretenimiento. Pero ella, a diferencia de otras, corre el riesgo de que se le presente como un personaje y no como una persona, lo que la expone a la discriminación y ridiculización.
Su participación en «La Casa de Los Famosos» ha revolucionado las redes sociales. Desde el interior del programa, ella activa y moviliza a la audiencia, que regresa a consumir televisión nacional para seguir su trayectoria. En las redes sociales, se han creado grupos dedicados a seguir minuto a minuto sus acciones, convirtiéndose en un activo real para el programa y generando viralidad en redes prácticamente todos los días.
-Saludos a mi cuñada que contrató Vix para ver que hace a todas horas-
Aunque no soy una consumidora fiel del programa, me doy cuenta de cómo le va a Wendy porque sí soy una consumidora obsesiva de las redes sociales. A cada rato es tendencia y a cada rato me topo con titulares tipo “Wendy sufre comentario transfóbico”, o “Apio educa a Wendy”, dejando claro que ahora es tan visible es la comunidad trans, como esta necesidad de caricaturizarla.
¿Qué hace la televisora por garantizar que su dignidad y derechos humanos sean respetados? ¿Televisa está verdaderamente promoviendo la tolerancia y el respeto hacia la comunidad LGBTTTIQ+, o está aprovechando estos conflictos para alimentar el morbo y la controversia que generan más audiencia?
Además, el resto de participantes también han creado dinámicas cuestionables alrededor de ella. Pues bajo la premisa de que se nominan y son expulsados por voto del público, las “celebridades” han buscado acercarse a Wendy para generar espectáculo, entablar una amistad frente a las cámaras y así obtener simpatía de parte de sus seguidores. Aunque no asumo que todas las relaciones son falsas, estoy segura de que algunas que sí.
La visibilidad de las personas LGBTTTIQ+ en los medios de comunicación debe trascender el entretenimiento y convertirse en una oportunidad para educar y generar conciencia sobre las realidades y los desafíos que enfrenta esta comunidad. La televisión tiene la responsabilidad de promover un diálogo inclusivo y respetuoso, en lugar de explotar las experiencias personales de las minorías para obtener beneficios comerciales.
De momento es una victoria, pues se ha demostrado que es rentable ser inclusivos. Y forzada o no, la visibilidad importa mucho en la búsqueda de respeto y exigencia por los derechos humanos, pues aunque no lo hagan por convicción, sino por ambición, cada vez hay más espacios para darle voz a quienes por siglos han sido silenciados.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









