El clamor de los ciudadanos mexicanos de conformar una alianza entre los partidos políticos, tuvo eco durante el proceso electoral de 2021, cuando la coalición triunfó al quitar la mayoría calificada al partido oficial y sus aliados.
Las ideologías partidistas y los intereses personales quedaron fuera para crear la unión que hiciera contrapeso al aparato gubernamental que se ha usado con descaro, y que a la fecha no ha tenido consecuencias, en parte porque la mayoría de los órganos son controlados por el oficialismo porque en 2018 se le dio al hoy presidente de México casi todo el poder.
Sin embargo, a pesar de que este ejercicio fue exitoso para lograr reducir la cantidad de diputados federales, en las elecciones de algunos municipios y estados se dio un fenómeno interesante que es motivo de estudio.
Y es que, tanto en el PRI como en el PAN, parte de la militancia se sintió molesta con la unión que consideraban anti-natural; sin embargo, la formación de quienes se encuentran en esos institutos es totalmente diferente.
El PRI, por ejemplo, es un partido político que fue formado por revolucionarios que tuvieron una formación militar. En ese sentido, la disciplina ha sido parte de su esencia y en la creación de nuevos cuadros.
Tan es así que la militancia priista sí vota por los candidatos de la alianza aunque no sean de su Partido; sin embargo, existen resistencias de los panistas cuando el perfil no es de su instituto político.
La votación del Estado de México fue muestra de ello, ya que, mientras el PRI obtuvo 1.7 millones de votos, posicionándose después de Morena que tuvo 2.1 millones, los partidos de la coalición Va por México se quedaron abajo, el PAN con 701 mil, casi al nivel del Partido Verde Ecologista de México con 624 mil, mientras que el PRD se cayó casi en un millón de votos al reportar 183 mil sufragios.
Los partidos políticos, como nunca antes han escuchado a la sociedad civil, sin embargo, la alianza solamente puede tener futuro si sus militantes entienden que sólo en equipo es como se podrá obtener el triunfo, y en consecuencia, cambiar a los titulares del Poder Ejecutivo y ganar la mayoría en el Poder Legislativo.
Es verdad que los institutos políticos tienen el enorme reto de reinventarse ante las necesidades actuales, pero también los ciudadanos y militantes deben dejar el egoísmo a un lado y trabajar en unidad.









