Durante años, Luis Enrique Guzmán ha sido objeto de especulaciones sobre su carácter ruin, pero ninguna de ellas había alcanzado la baja estatura moral de la que hoy protagoniza -y eso que en una ocasión lo acusaron de robarle joyas a su mamá-; hablo de la escandalosa negación de su paternidad de Apolo, un pequeño nacido en 2019 con su expareja Mayela Laguna.
Luego de que el hijo de la reconocida actriz mexicana Silvia Pinal y el cantante Enrique Guzmán, el autoproclamado “no padre”, terminara su relación sentimental con Mayela Laguna entre chismes sobre infidelidad, sintió la necesidad de hacerse una prueba de paternidad con quien se suponía tenía un lazo sentimental padre-hijo construido durante cinco años.
Convenientemente, la prueba reveló que él no es el padre, y con una prisa loca, lanzó un comunicado para que todo México se enterará que iniciaría los trámites para quitarle al niño el célebre apellido “Guzmán” y por supuesto, todo el apoyo económico para su manutención con el ridículo argumento “para no negarle al menor el derecho el afecto que le puede brindar su familia biológica.”
Y es que, a pesar de existir una supuesta historia de cariño y un vínculo afectivo entre Apolo y Luis, ante la mínima duda, Guzmán decidió desentenderse del niño y buscar desligarse de todas sus responsabilidades, dejando en evidencia una triste realidad sobre las relaciones paterno-filiales en nuestra sociedad: ser papá se trata de dar dinero y el afecto no está sobre la mesa.
Durante su corta vida, Apolo ha gozado de un lugar privilegiado en una reconocida dinastía mexicana. Ha sido parte de una familia mediática, rodeado de cámaras, luces y reconocimiento público. Sin embargo, ahora se enfrenta a una situación difícil, ya que esa misma familia que antes lo aceptaba y amaba, hoy le está dando la espalda.
Nadie de su familia se detuvo a pensar en cómo esta penosa situación afectará emocional y psicológicamente al infante, pues, aunque aún puede ser demasiado joven para comprender la situación, lo mediática que es su exfamilia, sumado al poder de las redes sociales y la memoria colectiva, significan que este episodio marcará su vida permanentemente.
Como cualquier otro niño que sufre la pérdida de su figura paterna, la confusión, la tristeza y la sensación de rechazo pueden afectar su desarrollo y su visión de sí mismo, por lo que cuestionará su propia identidad y valor como persona. Eso sin profundizar en el posible hostigamiento que esto le traerá en su vida futura.
Luis Enrique ejemplifica de manera magistral, una práctica tan común en México: el abandono y olvido de la paternidad. Hombres que decidieron que el niño o niña que trajeron al mundo no cabe más en su estilo de vida; un ser humano que a pesar de ser suyo, no merece atención, afecto y mucho menos su dinero, que es algo que a muchos les afecta más que el propio amor.
Esto es un problema social arraigado en México. Culturalmente, la mayoría de los hombres no son parte de la crianza activa de sus hijos, es decir, limitan su participación en aportar dinero. Por eso es tan fácil para ellos desapegarse cuando ya no son parte de su vida diaria, ósea cuando se separan de la pareja con quién procrearon. Hablamos de un abandono afectivo que a menudo también va acompañado de abandono económico.
¿Apoco no todas y todos conocemos al menos un deudor alimenticio? Y pretextos hay muchos:
“que si la mamá es muy difícil” -y cómo no serlo si en muchas ocasiones hay que sacrificar su individualidad para mantener y criar al mismo tiempo-;
“que si la mamá se lo gasta en uñas” -como si sus mil pesitos fueran suficientes para pañales, comida y servicios del hogar donde reside el infante-, -o como si para ser mamá soltera sea requisito abandonarse, y no gastar en gustos para una-;
“que si no le doy porque el niño no es mío”- el favorito de los rufianes que andan de flor en flor, embarazando por deporte.
La realidad es que para muchos hombres deslindarse de sus responsabilidades parentales es una forma de violentar a su expareja. Y sin duda es el caso de Luis Enrique, pues sea o no sea el padre biológico, se venga de “sus cuernos”, a través de un niño que lo conoce y ama como su figura paterna, un hombre a quien seguramente admira y extraña.
Entiendo que el lazo jurídico vinculante derivado de la filiación genética, no es obligatorio o permanente en caso de comprobarse que no son padre e hijo, pero me da asco y coraje ver cómo no le importó la privacidad y bienestar del menor, con tal de castigar y humillar a su expareja.
Y ya pa’ acabarlo, con todo respeto Luis Enrique, no la friegues. ¿Le pones al niño “Apolo”, y luego lo abandonas? ¿Qué clase de ser humano hace eso?
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









