Por Adriana Colchado
Yahritza y su esencia es una banda de tres hermanos hispano-americanos que saltaron al escenario musical interpretando temas del regional mexicano y han realizado importantes colaboraciones con artistas como Grupo Frontera, Yuridia y Ángela Aguilar… pero fueron mayormente conocidos estos últimos días por la polémica que desataron en plataformas digitales luego de hacerle el fuchi a la comida mexicana. – inserte aquí el sonidito de tiktok que dice “oh no, oh no, oh no, no, no, no”-
La muchedumbre digital se enardeció al escuchar a este trío de hermanos -los Vázquez Sounds que tocan banda y corridos tumbados-, sugerir que la comida es mejor en Washington. Esto luego de que, durante su más reciente visita al país azteca, se les preguntara sobre sus preferencias gastronómicas… y ellos se atrevieron a decir que preferían comer alitas de pollo al estilo gringo.
No es ningún secreto que, para los mexicanos, nuestra gastronomía es un orgullo. Es un legado ancestral y parte integral de nuestra identidad; la comida es un miembro de nuestra familia, de nuestra tradición y de nuestra forma de vida. La mera verdad, en México estamos seguros de que pa’ cocinar y comer, somos los mejores. De ahí que estos comentarios, lejos de ser vistos como una simple opinión, fueron tomados como un insulto a nuestra cultura y desencadenaron una campaña de cancelación en las redes sociales, una como de la que nunca se recuperó Don “tardes negras”, el mismísimo Tiziano Ferro.
Sin embargo, en lugar de cancelarlos con una elegante crítica constructiva expresada a través de risibles memes, las redes sociales se inundaron de ofensas y comentarios denigrantes, que solo perpetúan uno de los problemas más graves de México: el racismo. La razón es porque este trío musical de hermanos tiene ascendencia mexicana y la opinión general fue de que “no tienen derecho a sentirse americanos” por sus rasgos físicos.
Lamentablemente, en el afán de defender nuestra cultura, nos deslizamos hacia una xenofobia disfrazada, arremetiendo contra nuestros paisanos por el mero hecho de vivir en el extranjero y disfrutar lo que ven, comen y experimentan allá.
La migración es un fenómeno complejo donde el camino está sembrado de desafíos. Pero uno de los retos más curiosos, inquietantes y absurdos se origina no del exterior, sino desde la misma casa: la dura crítica y el racismo que a menudo enfrentan por parte de sus compatriotas.
Esta «batalla» racial mexicanos contra mexicanos, parece asentarse en la idea errónea de que el que emigra y se adapta a otra cultura está traicionando sus raíces y una renuncia a su identidad. Esta mentalidad perpetúa un ciclo de discriminación y racismo que, en lugar de unirnos como comunidad, nos separa. Parte de este fenómeno ocurre nativamente en redes desde perfiles como “whitexicans”.
Y no puedo justificar que “Yahritza y su esencia” prefieran un pollo empanizado con cualquier cosa sintética que unos taquitos con harta salsa, o un mole, o algún platillo del amplio menú de garnacherías mexicanas, pero tampoco creo que sea un motivo suficiente para que se les humille y ataque con tanta crueldad. Solo puedo pensar en que, quizás, nunca han probado los esquites callejeros.
En lugar de alimentar esta guerra racial absurda, deberíamos trabajar para construir puentes de entendimiento y empatía. Necesitamos celebrar la diversidad dentro de nuestra propia comunidad y entender que, la esencia de México no se define solo por su comida, sino también por su gente. Somos un pueblo conocido por su hospitalidad y calor humano, valores que debemos practicar incluso en situaciones de conflicto como esta. A menos claro, que se atrevan a criticar los tamalitos.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









