Por Adriana Colchado
El drama de la ruptura entre Rauw Alejandro y La Rosalía volvió a incendiar las redes sociales luego de que el cantante subiera a su cuenta oficial de Youtube el desgarrador tema “Hayami Hana”, dedicada a la Motomami.
Al inicio de este chisme, el murmullo digital apuntaba a que se trataba de una separación por infidelidad, haciendo que sentáramos a Rosalía en el mismo sillón de cuerneadas pero exitosas donde están Shakira y Becky G. Pero este tema -que promete colocarse entre los más dedicados por “patanes con el corazón roto”- nos proporciona más carnita sobre esta historia.
Lo incendiario de esta historia, nace porque público había idealizado la relación de estos dos puesen una ocasión Rosalía dijo algo que es creencia de la mayoría de las mujeres “Yo creía que todos los hombres eran iguales, hasta que conocí a Rauw (o inserte el nombre de su propio rufián aquí)” –
Desde la primera estrofa, la canción sacude los corazones rotos de las mujeres aferradas a un ex… «Por si acaso no nos volvemos a hablar y mis ojos favoritos no me vuelven a mirar…”. seguido por una serie de frases sacadas del libro “lo que toda mujer quiere escuchar después de terminar una relación”.
Pero “Hayami Hana”, no solo es una declaratoria de amor y disculpas hacia Rosalía, también es una estrategia de marketing para reivindicar la imagen de Rauw y lanzar su nuevo disco “Afrodisiaco”. Y no pretendo ser hipócrita, desvalorizando esto, pues fue exactamente lo que le ensalzamos a Shakira: monetizar su ruptura.
En medio de sus lágrimas de cocodrilo, Rauw no perdió la oportunidad de dirigirse al público detractor que tanto especuló sobre las razones por las que terminaron su noviazgo tan idealizado. Pues en un verso, el intérprete de “Champú de coco” asegura no haber sido infiel y que fue la propia Rosalía quien optó por finalizar su relación, pero que no la culpa “por la vida tan pública que vivían”.
Y le funcionó, pues luego de abrir su corazón, cantar sobre su dolor y vulnerar su imagen de macho, la opinión digital femenina se tornó a memes de mujeres llorando conmovidas, perdonando y/o olvidando que hace una semana no era más que un bicho infiel.
Y aunque juro por Sin Bandera que aún creo en el amor real, siempre tan natural, aquí cabe la reflexión sobre el romanticismo con el que a veces justificamos atropellos a nuestra dignidad y todo tipo de violencia, por mínima que sea.
Las películas románticas, las telenovelas y por supuesto la música que durante décadas se han dirigido hacia el público femenino han esculpido un paisaje de expectativas y anhelos que, aunque bello, a menudo se aleja de la realidad del amor humano y sus complejidades.
Y esta baladita que Rauw le canta a Rosalía, es un reflejo de esa expectativa romántica que, para bien o para mal, nos ha sido inculcada culturalmente a las mujeres: esperar grandes gestos de amor, palabras profundas, poderosas, y en muchos casos, el regreso de un gran amor, tras el error.
Porque, aunque al inicio, la canción parece ser un “gracias por el tiempo, te deseo lo mejor, cerremos un ciclo y me cambio el look”, al final deja abierta esa puerta de la esperanza. Y esta es una práctica muy utilizada por los rufianes del mundo: el no querer estar contigo, pero tampoco querer que los olvides; es mantener viva tu ilusión mediante promesas de amor eterno y un futuro con casa, perrhijos, gatitos y hasta vaquitas en el patio, pero sin ponerle fecha porque ellos andan en otros asuntos…
Y sí la opinión general de este tema fue que se trata de un gran gesto de amor por parte de un hombre con el corazón roto. Y vamos, no es que no existan, pero reducir esta complejidad de las relaciones de pareja a meros gestos románticos y sacrificios épicos (como hacer que la banda de la escuela toque “cant take my eyes off you”) despoja a las relaciones de su riqueza y profundidad.
Tal vez este texto sea una lectura cínica y amargada sobre el fin de una relación mediática de la cual solo sabemos rumores y hacemos conjeturas, pero no dejo de creer que las mujeres debemos empezar a reconocer la fantasía en todas las historias que idealizamos, para aoptar una perspectiva más realista y equilibrada del amor que nos permita forjar conexiones más auténticas y duraderas en el mundo real.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









