Probablemente haya escuchado de los apagones en Baja California Sur en días pasados.
¿Por qué se dan los apagones? Pues Baja California Sur es una isla eléctrica. O sea, no está conectado a nada. Entonces todo lo que se consume de electricidad debe ser generado en el mismo sitio. Si no hay suficiente energía eléctrica, una de dos: o se recorta el sistema para hacerlo más pequeño y que alcance la energía disponible, o el sistema tendrá daños. Es imposible ofrecer más energía de forma instantánea.
En los últimos años se ha agregado mayor capacidad de generación: algunas centrales de turbogás de CFE que no han terminado por operar como quisieran, además de dos centrales solares y una eólica, estas tres con baterías. Estos proyectos tardaron meses en ser entrar en operación ya terminados. Se dieron diversos pretextos administrativos, que más bien hicieron pensar en cosa política.
Tan sólo en permisos CFE tiene 1955 MW de permisos, de los cuales 1,747 MW están en operación y un poco más de 200 por iniciar o en construcciónde, según a lista de permisos de la CRE. El asunto es que no se puede generar de forma estable 600 MW que es la demanda máxima que hay en BCS.
De 2019 a la fecha no se han aceptado nuevos permisos. En 2020 había una solicitud de permiso para un generador de 200 MW con gas natural, que no logró operar.
La realidad es que el bloqueo a los privados de la mano con la falta de inversión adecuada de la empresa del Estado ha llevado a Baja California Sur al estado de apagones constantes.
Pero cuidado, los apagones no se circunscriben a esta región, porque el problema de BCS si bien está exacerbado por sus peculiaridades, no es único.
En la península de Yucatán hay un déficit de unos 600 MW de generación, el centro y occidente del sistema eléctrico nacional importan el 45 por ciento de la energía que consumen. Y si bien hay algunas obras de la empresa del Estado en construcción, será insuficiente.
Lo más delicado no es este año, sino los que vienen.
Desde 2019 muchos especialistas alertaron que, al frenar permisos y proyectos de generación, vendrían apagones o limitaciones serias al sistema eléctrico. La falta de inversión en transmisión, de parte del Estado, empeora la situación. La pandemia le cayó al gobierno como anillo al dedo y evitó el crecimiento económico; de hecho tiró la demanda eléctrica, lo que permitió que hubiera menos problemas en el sistema.
Pero vino la recuperación y este año se incrementó el consumo, generando los estados de alerta y una serie de apagones en todo el país, también por problemas de transmisión y distribución.
Las cosas para el país no pintan bien y menos si consideramos que una vez que un permiso es aprobado, puede tardar al menos dos años entregar energía eléctrica. Podría tardar 4 años y hasta 7 si es de CFE.
Con un cambio en la política eléctrica, este país podría vivir apagones de aquí a 2027 haciendo muy bien las cosas y llevando a cabo las actividades regulatorias con la urgencia necesaria. Pero de no haber tal cambio, viviremos apagones desde hoy y hasta que no se corrija la política o al gobierno le sobre dinero para construir centrales. No se ve para cuando.
Pero no será producto de lo que haga el siguiente gobierno, sino del actual. El próximo gobierno, su presidenta o presidente, será recordado como el de los apagones, aunque será una situación heredada.
Habrá que retomar el paso, y no es con dinero público, sino con inversión privada y usando las herramientas regulatorias del Estado para un mercado eléctrico vigoroso. El Estado tendrá su dinero muy comprometido.
El dinero público debe usarse en resolver los problemas de transmisión tan severos que incluso servidores públicos de este gobierno han terminado por aceptar en foros abiertos.
Si sumamos a esto la necesaria lucha contra el cambio climático, la llegada de inversiones con el nearshoring, la inversión en transmisión debe ser aún mayor, y -¿por qué no pensarlo?- con inversión privada mediante los mecanismos que la Constitución y la ley ya prevén.
Pero si algún aspirante a presidente promete que no habrá apagones los siguientes años, es posible que o no sepa de la situación, o pretenda dar un cambio radical en el sector energético, o planee frenar la economía mexicana, o simplemente mienta.
Y lo que vemos ahorita de problemas es sólo el inicio.









