Para marcar el Nóbel de literatura en 2001, el irreducible Sir Vidiadhar Surajprasad Naipaul llamó HALF A LIFE (Media vida) a la novela con la que reconoció el gesto sin reservarse nada. Ciertamente ya había escandalizado y contrariado a todas las buenas consciencias con sus obras maestras Una casa para Mr. Biswas (A HOUSE FOR MISTER BISWAS), así como Un recodo en el río (A BEND IN THE RIVER) y otras consideradas “menores” le aseguraron un lugar en el panteón de las letras universales. Racista, clasista, castitsta, homófobo, misógino… no hubo calificativo de la policía moral que no recibiese, al grado de tener que usar tantos “trigger warnings” (avisos de mojigatería) en los cursos para estudiantes tratados como menores e incapaces, que su enseñanza es clandestina y son unicornios malos quiénes osan aprender de él. Guardadas las proporciones, que nadie se acerca al “monstruo de Trinidad” que rechazó identificarse con la isla caribeña, la diáspora india, el hinduismo y sobre todo “la gente de color” sabiendo eso—antaño como en hogaño—encasilla condescendientemente en el gueto, queda el enigma de cómo sabemos hemos llegado a ese punto llamado media vida que no tiene nada que ver con la banalidad de la “crisis de la mediana edad” (midlife crisis) a que son dados los psicoterapeutas de autoayuda. En su novela, el personaje principal lo entiende porque es mandado al matadero. No por gobierno o institución sino por lo que queda de su familia y lazos con el país de sus antepasados. Atrapado en una guerrilla condenada al fracaso, es encarcelado para después ser liberado por la presión de un grupo que lo identifica como precursor de la “crítica poscolonial”. Condenado a aceptar las consecuencias de sus decisiones y falta de, define así el punto de inflexión para cosechar lo que será posteriormente definido en su última novela como “Semillas Mágicas” (MAGIC SEEDS).
Con ella se despide el último titán de la masculinidad irredenta a ser cancelada en “uno y mil motines”, quedando por saber si el “enamoramiento por la moda juvenil” puede dar algo más que lo que niega. Pendientes de la gran novela latinoamericana en lenguaje incluyente, a ser escrita por no sabemos quién ni en dónde, quedamos en ascuas a cinco años de su muerte.









