La hermana sor María de Cristo Santos Morales, del Monasterio de Santa Catalina de Siena de Puebla de Los Ángeles, uno de los monasterios más antiguos de la ciudad de 1568, en 1986 se dedicó a la investigación histórica de su propia comunidad de las monjas dominicas. Ha publicado algunos libros sobre la presencia de las monjas dominicas en México. Actualmente es miembro del Instituto de Investigaciones Históricas de la Provincia de Santiago de México, fundada en 1991. Es la única monja y mujer que ha entrado en ese instituto.
La hermana sor María de Cristo informó que antes Puebla era sólo un paso entre Veracruz y México, los monasterios fundados en la Ciudad de Los Ángeles hicieron que los padres pudieran visitar a sus hijas, por lo que se convirtió en la segunda ciudad del virreinato por la importancia y presencia que tuvieron los doce monasterios de este lugar.
La hermana compartió que la formación, la piedad y la educación de la mujer fueron brindadas dentro de los monasterios, ya que en aquellos años del virreinato no existía algún tipo de institución que educara a las mujeres con la finalidad de transmitir valores.
“Leer, escribir, cantar, pintar, tocar el piano, todo lo que son matemáticas sencillas y simples, sobre todo las artes de los bordados, de las costuras, del frivolité, del gancho, del macramé, toda esta serie de elementos culturales tan profundos y tan bellos en la mujer se van a aprender en los monasterios”.

La hermana, originaria de Veracruz, compartió que los monasterios originalmente eran para españolas; sin embargo, entraron criollas y mestizas en el ámbito de la cocina, también mujeres de color que entraban como esclavas, pero no estuvieron de esa forma.
Las hermanas legas o hermanas de velo blanco o de obediencia, tenían una vocación real, pero no tenían para aportar dote monetario alto, y entraban únicamente para el trabajo doméstico. Ellas fueron quienes crearon las riquezas culinarias como los moles, los chiles en nogada, las aleluyas, las glorias.
“Muchos de los platillos dulces están con nombres religiosos porque es ahí en donde se refleja la presencia de las monjas”.

La hermana explicó que la razón por la que el sabor dulce fue tan particular de la mayoría de los platillos poblanos es porque “la mujer indígena quería ser aceptada porque ella guisaba para españolas y mestizas que no estaban acostumbradas al chile, es difícil acostumbrarse e irritante”.
Fotos de Citlalli Tepale
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