Por Adriana Colchado
Tras sus desafortunados comentarios sobre la comida mexicana, uno podría pensar que el linchamiento digital del que fueron víctimas Yahritza y su esencia sería breve y focalizado a su metida de pata. Pero no. Se convirtió en algo más oscuro, más profundo y bastante más preocupante: un ataque directo al arquetipo de mexicano migrante.
Hoy gracias a que Andrés Manuel los invitó para que se presenten en el Zócalo durante las celebraciones del 15 de septiembre, los hermanos se han vuelto a posicionar en el centro del huracán digital.
Las palabras del presidente —“Son niños, no lo hicieron de mala fe, ya llevan tiempo, nacieron allá, no quisieron ofender, fue un error pero les cancelaron conciertos, mucho castigo”— tan típicas de alguien que le encanta dar segundas oportunidades… pero con un mensaje de tolerancia y comprensión hacia aquellos que cometen deslices en su juventud. No obstante, el gran temor es que esta invitación resulte contraproducente. Si bien el gesto puede verse como una mano extendida, el Zócalo, con miles de personas esperando el «grito» de independencia, podría no ser el escenario ideal para un acto de redención, sino para un turbo mega abucheo histórico.
Porque internet no se quedó en burlas y tendencias sobre su inculto paladar mexicano. Pasó a criticar y ridiculizar sus rostros, su piel, su lenguaje, su forma de vestir, todo su físico. «Demasiado mexicanos para ser gringos, demasiado gringos para ser mexicanos», decían. Los memes eran una cascada de racismo y prejuicios, un reflejo de un problema sistémico que sigue latente en nuestra sociedad.
Aunque estos hermanos son propiamente norteamericanos porque nacieron y crecieron en Estados Unidos, decidieron echar mano de sus raíces mexicanas para brillar en la música, cantando en español en géneros muy latinos. Esta fue la razón por la que invocaron el hate de la muchedumbre digital, porque a pasar de principiar su carrera artística con público tricolor, se atrevieron a criticar el único aspecto donde todos somos un solo corazón, nuestra gastronomía.
No justifico las metidas de pata de estos chicos, claramente les urge alguien que les guíe en relaciones públicas. Pero ¿el odio excesivo que recibieron? Eso es algo que nadie merece, mucho menos por simplemente decir que prefieren otro tipo de comida.
Las entrevistas post-polémica han sido una cadena de tropiezos que, en lugar de sanar heridas, han avivado la controversia. Una gestión adecuada, preparación y, sobre todo, la anticipación de reacciones, podrían haber cambiado el rumbo de esta historia. Porque en esta era digital, donde todo es instantáneo y efímero, la orientación y el buen consejo son más necesarios que nunca.
Criticamos a tres jóvenes por no saber disfrutar de una chalupa, pero olvidamos rápidamente episodios oscuros de figuras como Gloria Trevi. ¿Doble moral? Más bien, somos selectivamente implacables. Quizás sus comentarios fueron desacertados, pero el castigo ha sido desproporcionado. La represalia que han enfrentado ha ido más allá de la sátira y ha entrado en un territorio de odio racial y discriminación.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









