Dice una frase muy usada en el sector energético que la energía más barata es la que no se necesita. La frase revela que el desarrollo tecnológico ha permitido realizar las mismas actividades con los mismos resultados, usando menos energía. Eso gracias a la eficiencia energética.
Por ejemplo, usted seguramente ha usado un foco con tecnología LED que le permite alumbrar como si usara uno incandescente, pero con un décima parte de la energía que usaba antes.
Gracias a eso, un departamento en estos días consume la misma cantidad de energía eléctrica que consumía un refrigerador hace unos 50 años.
Por obvias razones toda política energética debe tener, de inicio, un componente de eficiencia energética. La intención es requerir menos inversión para poder satisfacer las necesidades energéticas del país o requerir menos energía para hacerlo. Eso, además de todo, incrementa a competitividad del país: si produces algo con 10 % menos en costo, ese costo te puede permitir vender a costo más bajo, lo que te da ventajas de mercado. Si consideramos que hay algunos productos en los cuales la energía significa el 40% de su costo de producción y se puede producir con la mitad de la energía, hablaríamos de 20 % menos en costo.
Pues bueno, la forma en que se pudo hacer obligatorio tomar medidas de eficiencia energética fue la emisión de Normas Oficiales Mexicanas. Las NOM en los hechos se volvieron la herramienta más poderosa del Estado en materia de eficiencia. Pero las normas no sólo se tienen que emitir, sino que gracias al desarrollo tecnológico se deben ir modernizando, además de tener un sistema que asegure de su cumplimiento.
Por ejemplo, una norma eléctrica del año 2000, seguramente no considera todos los elementos de electrónica que tiene un teléfono digital inteligente. Entonces para lograr la eficiencia se tiene que modernizar las normas.
El actual gobierno ha eliminado de la política energética la eficiencia energética. Basta con ver la intentona de desaparecer a la Comisión encargada de la eficiencia (CONUEE) pero por si fuera poco, en marzo de este año decidieron frenar la modernización de poco más de una docena de normas oficiales mexicanas.
Y ojo, no es que se dejen de aplicar, sino las que están anteriormente pueden mantenerse vigentes, pero tienen por lo menos cinco años de atraso, como las relacionadas a sistemas de iluminación o máquinas para hacer tortillas. Inclusive, han detenido el proceso de tres normas que buscan reducir el consumo para el aire acondicionado, que es lo que casi revienta al sistema eléctrico al iniciar el verano.
Y entonces se cierra el peor ciclo causado por la política energética: no se genera más energía, no se genera tampoco más energía limpia, crece la demanda energética, pero además no se generan las herramientas para atenuar el crecimiento de esa demanda.
Tal parece que la apuesta de este gobierno es evitar todo aquello que pueda generar desarrollo, con la idea de imponer sus criterios de hace medio siglo, igual que eficientes que los aparatos de entonces.
Si bien en materia de generación eléctrica el país ya lleva unos 5 años de atraso que causarán apagones al menos de aquí a 2028, declinar la modernización de las normas y evitar otras, termina por empeorar las consecuencias, ya catastróficas de la política energética. Y curioso, pero los más afectados terminarán siendo los más pobres. Pues si, primero los pobres. ¿no?









