Por Adriana Colchado
La idílica historia de amor de Sophie Turner y Joe Jonas terminó abruptamente y el chisme ha inundado las tendencias, porque a todos nos gusta decir la frase “adivina quién se va a divorciar” y luego proceder a desmenuzar los sucios detalles… Y es que más allá del festín de memes que asegura que el amor está oficialmente muerto, este tamal tiene más relleno de lo que parece. Sophie y Joe, que una vez deslumbraron con su cuento de hadas de personas guapas y exitosas, ahora protagonizan un drama más complejo: la batalla por la custodia de sus hijas.
En el comienzo, su amor parecía sacado de un cuento. Dos luminarias del espectáculo uniendo sus vidas, haciendo latir al unísono los corazones de incontables fanáticos. La conexión comenzó en el vasto universo digital, con Joe cortejando a Sophie a través de los pasillos virtuales de Instagram. Pero el brillo de Hollywood puede ser engañoso. Ahora enfrentan conflictos que podrían ser el guion de una secuela de Juego de Tronos, con menos espadas y menos sangre, pero igual cantidad de intrigas.
El centro del escándalo: se rumora que Sophie demandó a Joe por retener los pasaportes de sus hijas. El abogado del cantante fue rápido en aclarar que, contrariamente a lo que se ha informado, las niñas no están secuestradas. De hecho, según él, están con su mamá en Nueva York. La demanda, según indica, va en contra de la intención original de la pareja de criar juntas a sus hijas de manera amistosa.
Aquí cabe destacar que el rumor de la supuesta demanda son medios de comunicación que tienen “fuentes cercanas”, pero aún no tenemos nada directo de Sophie, así que podría tratarse de un chisme falso… sin embargo la coyuntura nos sirve para hablar de los matices de un divorcio y ¿alguien podría pensar en el bienestar de las criaturas?
Ahora, añadamos otro nivel de drama: Sophie, después de su divorcio, ha sido vista compartiendo risas y martinis con Taylor Swift. ¡Bum! Para aquellos que necesitan un repaso, Taylor también fue novia de Joe en su juventud. Las dos bellas damas disfrutando de la noche neoyorquina, desafiando las expectativas y reviviendo el empoderamiento femenino ante un ex común, pero también enardeciendo a los opinadoras digitales llenos de rabia y misoginia.
Esta escapada nocturna entre viejas amigas, reveló una realidad amarga y tóxica en nuestra sociedad. Los memes y comentarios insinuando que ambas se juntaron para hablar mal de Joe son solo un ejemplo superficial de cómo nos encanta tejer teorías conspirativas sobre las decisiones de las mujeres. Y hasta hubo quien se atrevió a afirmar que fue luego de esta reunión venenosa que Sophie se atrevió a demandar.
Tampoco faltó quien criticó a la recién soltera por divertirse en medio de un proceso de divorcio… perpetuando el estigma anticuado de que una vez que una mujer se convierte en madre, debe renunciar a cualquier aspecto de su vida personal y que cualquier desviación de este «ideal» la hace menos madre.
Paradójicamente, la sociedad suele ensalzar a los hombres que muestran un mínimo interés en la crianza de sus hijos, mientras que las mujeres enfrentan críticas desmedidas por ejercer sus derechos y libertades. La dicotomía es clara: mientras Joe es presentado como el «padre modelo», Sophie es tachada por algunos de ser menos madre debido a sus decisiones personales.
Pero más allá de los reflectores y las cámaras, el dilema crucial reside en la custodia. En un mundo ideal, ambos padres tendrían igualdad de oportunidades para influir y formar a sus hijos. No obstante, el sistema judicial ha mostrado una inclinación hacia las madres, y no por algo positivo, sino porque la crianza es “cosa de mujeres”. Pero en este caso, la travesía transatlántica agrega una dimensión adicional.
Ambos padres, con derechos equitativos sobre sus hijos y con el deseo genuino de tenerlos cerca, se encuentran en una encrucijada complicada.
Cuando se discute la custodia, varias consideraciones deben ser evaluadas. Aspectos que pueden ser cubiertos por ambos padres si se tiene la disposición, sin embargo la realidad es que apunta a ser una separación tan sangrienta como episodio de GOT, y que las pobres niñas terminarán siendo parte de la familia Stark.
Las decisiones que tomen ahora no solo afectarán su futuro, sino el de sus hijas. Lo que está claro es que, más allá de las luces y las cámaras, lo que verdaderamente importa es el bienestar de estas niñas.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.









