Por: Mtro. Juan Pablo Flores Martínez
Nunca como hoy, en la historia de la humanidad, nos hemos enfrentado a tal diversidad de retos y cambios. Es verdad que la historia de nuestra especie está repleta de conflictos, descubrimientos y transformaciones que nos han hecho cuestionarnos lo que somos y hacia dónde vamos, sin embargo; los recientes avances en la técnica –específicamente en el campo de la tecnología— nos ponen de frente a nuevas preguntas que, con más fuerza que nunca, nos hacen reflexionar en torno a nuestra naturaleza.
Un recorrido fugaz por la historia del pensamiento nos permitirá darnos cuenta que las respuestas a la pregunta sobre la naturaleza humana son variadas y van, desde aquellas que reducen al hombre a pura materialidad hasta las que consideran al ser humano como un ser quasi divino. Independientemente de las contestaciones que podamos dar a esta pregunta, el mismo hecho de cuestionarnos esto nos revela ya algo de esa naturaleza, a saber, que somos seres inquietos. Poseemos una capacidad de entrar en relación con la totalidad de las cosas y buscamos conocerlas a fondo, incluyendo la propia realidad personal y social.
En este camino de autoconocimiento hemos tenido certezas, pero la constante transformación de nuestro mundo ha arrastrado consigo estas verdades a las que nos solíamos anclar. Vivimos, pues, merced de cualquier viento ideológico que sacuda las raíces de nuestra existencia. Ya no hay seguridades ni roca firme a la cual afianzarse. Vemos la realidad con escepticismo, creyendo que la verdad no existe, solo las interpretaciones. Al analizar el estado de las cosas reflexiono y me pregunto si los altos índices de ansiedad y depresión no estarán de algún modo relacionados con esta carencia de certezas en nuestras vidas.
Dudar, es pues, una característica propia de nuestro tiempo. Ponemos en tela de juicio todo, especialmente a las arcanas instituciones que se creen poseedoras de la verdad y a pesar de eso seguimos buscando. En este clima de incertidumbre y constantes crisis es imprescindible rescatar la esencia de una de esas instituciones arcanas: la universidad. Hoy, más que nunca, requerimos de un lugar de encuentro con las cosas y con la esencia misma de nuestra humanidad. Ante la polarización, la crisis medioambiental, social, política y económica, es más que necesario volver a preguntarse quiénes somos y hacia donde vamos, de tal manera que corrijamos el rumbo o sigamos tirando hacia adelante, siempre juntos, siempre críticos, siempre buscadores de la verdad y forjadores de un futuro mejor.

*Docente de la Escuela de Humanidades de la Anáhuac Puebla









