Uno de los pilares del sistema democrático en occidente es la independencia relativa de la sociedad civil de la política. Si bien en conjunto ambas sociedades suman al estado en una ecuación en que 1+1=3, analíticamente es importante mantenerlas acotadas. Dentro de la sociedad civil y como elemento claramente civilizatorio está “el aparato” medios. Lidereados por la prensa escrita (así sea en formatos digitales) deben poder informar independientemente de las directrices de gobiernos e imperios. Tal monserga y sus jaculatorias han sido evidenciadas como mayoritariamente huecas tras la incursión relámpago de Hamas a territorio israelita. El mismo se ha reducido a la pornografía respecto a la violencia político-ideológica sin contexto.
El acto debe ser condenado y para ello se prodigan paparruchadas como la decapitación de bebés o violaciones en masa que nadie corrobora. Lejos de informar cómo es que el ataque es parte de un conflicto abismalmente desigual en la ocupación colonial de la Franja de Gaza, no sólo se lucra, sino que se explota la ignorancia de la “massmediación”. Acto “aislado y sin provocación” antes que proceso de bestialización y brutalidad, aleccionando qué es Hamas en la caricatura terrorista sin informar respecto al irreversible descenso “politicida” de Likud dentro de la política israelita desde Sharon a Netanyahu con el respaldo irrestricto por parte de la Unión Europea, la Mancomunidad Británica y los Estados Unidos por un orden mundial imperialista.
Ciertamente es difícil educar desde los medios en lo que es de suyo un proceso histórico de destrucción y agandalle, acumulación primitiva y genocidio en Palestina. De provincia del Imperio Otomano a la ocupación británica, de la guerra colonial de despojo yendo a contramano del resto del mundo al establecimiento de otra colonia de ocupación y régimen de apartheid, así como del decapitado de liderazgos seculares al avivamiento de proxies fundamentalistas, a fin de poder degradar el discurso político para el desmembramiento y sangría a los millones de palestinos, negando sea otro genocidio. Tornarlo en la gesta justiciera de Wonder Womyn debería producirnos asco, pero se nos exige plegarnos y amenaza con que incluso lo que pensemos y compartamos por redes sociales será punible si nos salimos de los contornos definidos por el colono.
Contra esta “mediapulación” no hay otro frente sino los mismos medios. Sin ser paradoja, pero el ejemplo lo ha vuelto a poner Haaretz, medio israelita sólido asentado en Tel Aviv. Esperar alguien tome su ejemplo es pueril, ellos no tienen opción, nosotros hartas. Entre ellas hozar en el desperdicio.









