Conocido ya el resultado de la primera vuelta en las elecciones presidenciales en Argentina, las proyecciones hacia México son inevitables. Javier Milei, el candidato anti-sistema que se hizo del voto independiente y lo que pudo quitar a anti-peronistas, logró casi el 30% frente al 37% del oficialista Sergio Massa. Teniendo en cuenta que la coalición de partidos de derecha vía su derrotada candidata Patricia Bullrich (23%) tiene suficientes votos para acortar la distancia entre ambos, no hay duda de que la moneda está en el aire y dependerá del talento de cada campaña para atraer a los indecisos y así hacerse de la presidencia. Milei logró un gran campanazo en las primarias de agostó siendo el más votado con idéntico 30% para hacerse un fenómeno que lo mismo emociona que amenaza a diferentes electores. Aparentemente no creció, pero tampoco perdió y en una decisión entre dos llega bien pertrechado.
Massa arrastra consigo el hartazgo por gobiernos corruptos e ineficaces, además de la volatilidad imperante de un electorado veleidoso. Simplemente la maquinaria clientelar del peronismo no le da el 50% más uno necesario para ganar y tendrá que correrse al centro en competencia contra el ultra “anarcocapitalista”. Economista de formación, Javier Milei ofrece políticas económicas libertarias y una férrea moral católica. Sin embargo, no es relevante si sus propuestas son consistentes, el atractivo es la ruptura con el Kirchnerismo y (otro) nuevo comienzo, así como él en tanto fenómeno de un sistema de partidos roto.
Los paralelos entre Milei y Xóchitl Gálvez son necesariamente forzados. Sin embargo, en el equipo de ella abundan los “economistas de medios”, prontos a ofrecer habichuelas mágicas que, si bien son importadas, no difieren demasiado de las que ha sembrado la actual administración. En un equipo de campaña con asesores de mesas de novedades en librerías de almacén y sin más que la figura en oposición al presidente y su desangelada candidata-custodia, es dable pensar que estén revisando a Milei desde el marketing y las formas de aderezarlo. La combinación del voto moralizante de las derechas con desplantes libertarios puede funcionar. Falta saber los supuestos del “sí y sólo si” para con ellos confrontar a las franjas del electorado indecisas y retrógradas, aquellos que no están convencidos de seguir concentrando el poder en un partido que sin su líder es amorfo y a los que mueve el resentimiento inverso a la política emocional imperante.
En sí los riesgos de tal apuesta son menores ante la cantada derrota de una candidata que así como creció se desvaneció para caer en la burla. Dicharachera y majadera como el presidente, carece del talento de él para comunicar y levantar pasiones basadas sea en la esperanza o el resentimiento. La mesa está servida, por más que el menú por los siguientes nueve meses sea abominable. Veremos si se logra llevar a buen término o abortan.









