Poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas representa uno de los retos más críticos de las sociedades. Su impacto inmediato y de largo alcance, las consecuencias negativas que repercuten en su desarrollo pleno, y los efectos perjudiciales a su salud y bienestar han puesto en las agendas del mundo, su erradicación como una prioridad.
A los diversos tipos y formas de violencia a las que son sujetas se han sumado actos perjudiciales mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, principalmente, ocultos bajo el anonimato; estas acciones pueden ir desde la obtención de datos personales, intimidaciones u ofensas, acoso, suplantación de identidad y la difusión de contenido privado sin su consentimiento, lo que repercute fuertemente en su salud emocional, integridad, intimidad, privacidad y dignidad, en su mayoría, de las mujeres y las niñas.
De acuerdo con ONU Mujeres, en todo el mundo, el 40 por ciento de las mujeres ha padecido violencia digital, y tres de cada 10 mexicanas que usan internet, es decir, cerca de 10 millones la ha experimentado en nuestro país. Por su parte, el módulo sobre ciberacoso (Mociba) 2022 del INEGI señala que, en Tlaxcala, Tabasco y Durango se registró la mayor prevalencia de esta modalidad de acoso a usuarias de internet, donde se registraron porcentajes de 34, 30 y 29, respectivamente; en nuestro estado contabilizó 21 por ciento de casos en contra de poblanas mayores de 15 años ciberviolentadas.
Ese contexto ha llevado a los Estados a implementar acciones para reconocer, prevenir, detener y erradicar la violencia digital o la ciberviolencia como una forma de victimización delictiva con múltiples impactos en la vida no solo de la persona, sino de sus familias y comunidades. En México, una de las grandes reformas en la materia fue la llamada “Ley Olimpia”, la cual impulsó reformas al Código Penal de nuestra entidad, que, posteriormente fueron adoptadas por todas las entidades. Esta legislación resulta un precedente pues reconoce la violencia digital y sanciona los delitos que violen la intimidad sexual a través de medios digitales
Indudablemente, este avance para erradicar la ciberviolencia es resultado de la titánica tarea de un número muy importante de mujeres, agrupaciones, colectivos y víctimas de la violencia digital, encabezadas por la poblana Olimpia Coral Melo, que se dieron a la tarea de cambiar paradigmas y reconocer que lo virtual también es real y que, la violencia ejercida en medios electrónicos o en Internet, degrada, lastima y afecta la dignidad de las mujeres y, por lo tanto, debe erradicarse.
Desde el INAI somos conscientes de la importancia que tiene la protección de los datos personales para prevenir y erradicar actos que atenten contra la dignidad y privacidad de las mujeres y las niñas, tanto en los espacios digitales, como fuera de ellos. Por lo que continuaremos impulsando, de la mano de los organismos autónomos de transparencia de las entidades federativas, acciones para concientizar y sensibilizar sobre la importancia de navegar de manera segura y arraigar una cultura social que ponga en el centro de las acciones a la privacidad y la garantía y cuidado de la información personal. Sólo así lograremos construir un ciberespacio más seguro para todas y todos.
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