Toda campaña electoral debe ofrecer suficientemente buenos montajes para emocionar a la militancia. Si bien es un lugar común acusarles de paleros o acarreados, ciertamente el participar en mítines y demostraciones, marchas y bochinches requiere tanto de la logística y recursos materiales para que sea posible como del entusiasmo de los convencidos. Simplemente no es posible que todos vayan por la simple amenaza de perder los incorrectamente percibidos favores del gobierno en turno, su voluntad valga una torta, Frutsi, camiseta y gorra. No sólo la persona que aparece como líder de anhelos y voluntades, también la identificación con el partido o coaliciones debe pesar. Eso a modo que se logre el 50 por ciento de participación y un poco más.
De esa manera se legitima el consuelo de la democracia procedimental. Ahora bien, cuando se pasa de la militancia y voto duro a lograr que los indecisos, escépticos y cínicos se emocionen, se corre también el peligro de no saber para dónde pueden ir los resultados. Ahí está el efecto Milei para que con él se engolosinen Spin Doctors y marchantes electoreros.
En sí la campaña del 24, marcada por el supuesto mano a mano de Mecano (“Mujer contra mujer”) entre Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, es tan soporífero que hacía dudar se lograse ese montaje. Si bien la primera esta ungida por “el segundo presidente más popular del mundo” y la segunda fue una imposición del empresauriado disfrazado de sociedad civil, no dan ni para una pelea preliminar de lucha libre en arena barriobajera. El símil es apropiado pues el lenguaje de la cultura política, no sólo en México, debe demasiado al Pancracio.
Trump lo encarna a la perfección y otros personajes como Fox el Chero han vivido y sido defenestrados por hacer demasiado bien el papel del rudo. En voz de la antropóloga estadounidense Heather Levi, la lucha libre es la “escenificación de contradicciones”. Así mientras la pugna por la grande debería confrontar “dos proyectos de nación” liderados por sendas mujeres mostrando son mejores y más leales que la hasta ahora conocida marrullería masculina y contra el desdén “machirulo” (que ya es denuesto reconocido por la RAE), ambas ceden a las internas. Esto es, entretiene más saber que a Sheinbaum le dictan el guion desde Palacio Nacional. Sea el presidente o su círculo cercano, pero es una candidata maniatada. Sin haber podido mantener a su elección para jefe de gobierno de la Ciudad de la Mugre, cuantimenos las candidaturas a gobiernos estatales, ni las posiciones clave de las cámaras, no hay duda de que la traición será épica.
Las de Zedillo y JoLoPo a Salinas y Echeverría serán olvidadas, precisamente porque el folclor la explicará en términos sexo-genéricos misóginos lindando con el antisemitismo. En el otro campo, si la unción de Gálvez fue meteórica, atropellando a partidos y procedimientos por el mero poder de quién los padrotea (el usurpador del mote Mr. X kalimanesco), su ausencia de establo, esquina, y bando es notable.
El personaje nunca fue creíble, desde su entrada a la vida pública en el 2000. Menos ahora que se le añaden atributos ridículos como a un árbol de navidad de aparador en tienda de centro comercial venido a menos. En su caso sólo queda el recurso de ser recordada como un mal chiste de los que ciertamente pasaron de “fifís” a “conservas” en la viperina lengua presidencial. Tratando de ser políticamente correctos “se compraron las acciones de esta farsa”, olvidando que fuera de sus burbujitas suburbanas la gente sigue hablando en pasta, sabe escoger frutas y verduras, así como pescados en tianguis, y, sobre todo, da por hecho se los quieren birlar. Sólo ellos que olvidaron de como contar chistes temiendo ser ofensivos, para ser burla del irrespetable.
Hasta hace unas semanas quedaba el recurso de chantajear a la militancia y tontos útiles, esos que creen su voto cuenta, con que ningunear así a las campañas y precandidatas era ser un machirulo, contar con masculinidad frágil y en sí ser una basura heteronormada. Tal que además de tener que mentir de vez en vez “une” se sienta con los Bros a ver el fucho femenil, se toma en serio aquello que las iniciativas de género no son para cuatas (y mejor no averiguar ni hablar sobre la naturaleza de las relaciones) pero si cuotas con las que se está comprometido, y vehementemente se opone “tambor” a la “violencia política de género”.
No valdría argumentar sí se sabe distinguir cuando mujeres como “la Leona” Amanda Nunes o “la Bala” Valentina Shevchenko merecen atención mundial, el portar la camiseta del “team” Xó o Clau sería parte del impuesto intelectual de temporada que amenaza con hacerse de época. Aburridísimos “estabanos” cuando para delicias de chicos y grandes entró Samuel García a hacer mal tercio. Y es malo porque nadie duda es otra impostura.
Sea de quién regentea a su partido como congalito de carretera, de su cónyuge, o de poderes más oscuros evidenciados en el caso Debanhi, pero usurpó el libreto de la interseccionalidad. Júnior Whitexican con múltiples doctorados en instituciones fraudulentas, que comparten dirección fiscal con taquerías, es quién divide a la población con iguales niveles de simpatía o repelús.
Pensado para el votante primerizo, que suele expresar repudio en su primera farsa democrática contra los partidos tradicionales y/o gobernantes, es dable arrase entre “elles” a occidente y norte con significativa penetración en sur y sureste. Hecho en las redes sociales para un concurso de mascotas, logró en una semana arrebatar el foco a las dos precandidatas. No solamente en términos de reconocimiento público sino como figura de escarnio, seguros no seremos acusados de violencia política por honrarlo como todo político se merece, al menos debe servir para recuperar la rancia hermosura de nuestra maltrecha lengua mestiza y aprendamos a llamarle por su nombre.









