Las posadas forman parte de las tradiciones de muchas familias mexicanas y, como todas las costumbres decembrinas, nos permiten reencontrarnos con nuestros seres queridos.
Sin embargo, las posadas navideñas datan del siglo XVI, en la época colonial. Con el fin de convertir al catolicismo a los pueblos conquistados, los españoles trajeron estas costumbres que representan la peregrinación de María y José.

Los españoles impusieron estos festejos a los aztecas, quienes celebraban durante el mes de Panquetzaliztli (diciembre) la llegada de su dios Huitzilopochtli.
Como es natural, con el paso de los años, estas celebraciones han ido cambiando y se han enriquecido con elementos propios de todas las regiones del país.
Actualmente, en muchas casas mexicanas aún se “pide posada” en compañía de amigos, familiares o vecinos, quienes entonan los cantos tradicionales, prenden luces de bengala o velas, y parten la piñata.

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Como agradecimiento, en la posada se dan aguinaldos rellenos de dulces, cacahuates o colación, además del rico ponche caliente.
La primera posada se realiza el 16 de diciembre, y el 24 de diciembre, en Nochebuena, es la última posada, en la que se arrulla al Niño Dios.
Fotos: Freepik, Idalia Medina, Rafael Pacheco / Agencia Enfoque









