Solía ser práctica común entre los mayores hacer un recuento del año. Tal como si se tratase de libros contables “del changarro de dios”, las ganancias (haberes) deberían superar a las perdidas (deberes) y así se podría comenzar con las festividades de la Saturnalia, medianamente cristianizadas, prontas a mezclarse entre sus diversas interpretaciones. Con el solsticio (variando si invernal o veraniego dependiendo del hemisferio) vendría una semana de pausa antes de prodigar parabienes en la última noche del año y así recomenzar con la idea de mejorar.
La escala de esos cortes de caja morales variaba desde lo personal y familiar hasta el estado de las cosas en la villa o aldea, barrio o arrabal, ciudad o metrópoli en que se viviese, con su comarca circundante, provincia, país, hemisferios, y mundo si se era posible imaginarlos. Bajo el supuesto que lo personal y familiar son parte de lo privado, a nadie importan, y suelen ser muy predecibles, nos queda plantear qué es lo que arrastraremos como deberes y deudas al siguiente año encuadrándolo. Tratando de mantener una perspectiva bifocal parece que tendremos un 2024 violento, marcado por las elecciones en lo local y la campaña a tierra arrasada en Palestina.
Las campañas electorales del 24 serán en varias escalas y variantes, que afectan a cada región y estados de la república, pero no hay duda de que están condicionadas por la presidencial. En sí es un referéndum respecto a la coalición gobernante, su líder, y la posibilidad del Maximato. Especial jiribilla tiene pues se plantea seguir la voluntad del “big man” (cacique providencial) mediante la farsa de la histórica ruptura del “techo de cristal”. Esto es, elegir por primera vez a una mujer para que le haga el trabajo sucio a don señor (“de horca y cuchillo”).
No es ninguna aberración; todos los sistemas parlamentarios y presidencialistas del mundo que han apostado por las cuotas (y las cuatas) así lo han transitado. Hay excepciones como los casos de Paquistán con Bhutto, Israel con Meir, y la India con Gandhi (todas antes del tristemente abyecto “periodo neoliberal”), pero desde Escandinavia a las penínsulas de Europa, en los hemisferios occidental y norte esa es la tónica. ¿Cómo podríamos revertir desde la terca y poscolonial “realidad” algo que adoptamos como pantomima? De tanto jugar a la mascarada de la “representación” los porros acabaron por creérsela y ya se ostentan como legítimos cleptócratas de una nueva clase política. Este triunfo de la burguesía—acogiéndoles y domesticándolos—dará lugar a otro menos claro: la creación de un nuevo sistema de partidos. Por un lado, la coalición opositora hecha con los residuos del viejo sistema de “la transición” se desmorona y perderá por el sinsentido de su aberrante contrahechura. Acaso sobreviva el PAN enfrentado con Movimiento Ciudadano en pugna por pretender ser el partido de una imposible “derecha decente”. Por el otro, tampoco es dable todos quepan en la coalición gobernante y su inflado movimiento.
El Partido del Trabajo y el Verde han sido comparsa de morena. Porras que deben crecer para contener las contradicciones internas de un movimiento que trata de reciclar a tanto tránsfuga, oportunista, e impresentable que pide chichi. No serán suficientes emperro, y veremos entonces cómo se desgaja el movimiento en dos o tres partidos compitiendo por el oxímoron de “izquierda democrática”. La dinámica de “tribus y sectas” que rompió al PRD (además de la proverbial venalidad, corrupción y agandalles) desde dentro, será dramatizada como decepciones y la serie “hoguera de las vanidades” fuera de morena entre los resultados de la elección y formación de gabinetes.
A nivel internacional, nuestra brújula político-ideológica ha sufrido no un revés sino actualización retro en la campaña punitiva de desplazamiento de poblaciones, limpieza étnica y tierra arrasada (o quemada) de Israel en Gaza. Lanzada como respuesta a los ataques de Hamas el 7 de octubre, ha excedido los límites impuestos por los mismos imperialistas a lo que ellos podrían hacer al fin de la segunda guerra mundial. Si bien eso se violó en las guerras coloniales de Indochina y Argelia, por parte de Francia, todas las intervenciones “proxis” británicas y estadounidenses por África, Asia y América Latina, el más claro ejemplo de una colonia de ocupación con Apartheid es consistentemente apoyado por los imperialistas en conjunto.
De tal suerte que los discursos contra el imperialismo y por la descolonización, desde Lenin hasta Mandela, pasando por tantas variaciones regionales como sea menester son revisados y sometidos a otra actualización. Templada por el fuego de la violencia y la búsqueda de preservar al agua no sólo como elemento y símbolo de vida sino también dentro de la máxima maoísta de serlo para los combatientes irregulares que son los peces. Un efecto agradable es que se podrá así ubicar al ensimismado extravío de las epistemologías del sur, prontas a celebrar la mugre local, siempre y cuando sean otros los que vivan y mueran en ella.
Así, ajustaremos las críticas al “neoliberalismo” y globalización dentro del imperialismo, sabiendo no hay salidas ni fórmulas mágicas. Tampoco la necesidad de eufemismos o de contarnos mentiras. Arrancar el encuadre de lo que ocurre hoy en Palestina el siete de octubre es aceptar ingenuidad ante el mañoso. Esta es una historia de cien años al menos, con puntos de inflexión y abyección bien conocidas. De acuerdo con cómo nos ubiquemos frente a ello se definirá también cómo es que hemos de participar en el nuevo sistema de partidos nacional y las emergentes coaliciones no entre países sino entre poblaciones con o contra sus gobiernos.
El año 24 habrá festejos y conmemoraciones que nos van a obligar a externar opiniones en sus contradicciones. Por un lado, el fin del Apartheid en Sudáfrica, por el otro el alzamiento de una guerrilla que ante su derrota político militar se refugió en el chantaje indígena, moralista y come-cuando-hay, de las políticas identitarias. Ambas tienen peso propio independiente y también relación, ambas deben revisarse por lo que han legado y con ambas es que debemos analizar lo que ocurre en Palestina y cómo es que aspiramos a que se traduzca “lo político” fuera del populismo baratero en el futuro inmediato en México. No será simple, pero sin esa distancia crítica e involucramiento quedaremos a merced de las infames versiones de los imperialistas.









