Cerramos el año con un mix de emociones, donde la viralidad en las redes nos mostró tanto lo mejor como lo peor de nuestra sociedad.
Lamentablemente, este 2023, la inmediatez de las plataformas digitales nos expuso actos atroces que hicieron eco a nivel nacional e internacional: Casos de violencia y abuso de poder, protagonizados por «juniors» que recurrieron a la violencia para resolver disputas triviales; una terrible lista de desaparecid@s y asesinad@s que aún no reciben justicia; y desgarradoras historias de maltrato animal que indignaron a la sociedad a lo largo del año.
En el ámbito nacional, casos como el de Norma, una joven de 14 años que perdió la vida tras sufrir bullying y agresiones, nos confrontan con la cruda realidad de la violencia entre jóvenes, una problemática que necesita ser abordada con urgencia. Su historia viralizada refleja la importancia de atender el acoso escolar y resalta la responsabilidad de las autoridades educativas y locales para prevenir y detener estos casos.
Además, el año estuvo marcado por la indignación hacia actos de violencia animal que circularon en redes. Desde el trágico destino de «Scooby», lanzado a un cazo de aceite hirviendo, hasta la valentía de «Pincky», el Chihuahua que defendió a su familia de ladrones, y el doloroso episodio del «Niño», el perro migrante lanzado a la carretera en un acto de crueldad inhumana.
A medida que nos acercamos al año nuevo, la tradición de realizar rituales para atraer amor y abundancia está más arraigada que nunca. ¿Pero qué tal si exploramos nuevos rituales que respondan a las necesidades de nuestro entorno turbio? En lugar de atraer fortuna usando calzones amarillos, o buscar pareja con los calzones rojos (lo cual después de 5 años intentando, me queda claro que no funciona), podríamos optar por buscar o inventar rituales que atraigan la seguridad, la paz y un entorno libre de rufianes.
Además, en el paisaje tecnológico de este año, las inteligencias artificiales emergieron con una fuerza que hizo temblar los cimientos de la innovación. Si bien estas entidades digitales han demostrado su capacidad para facilitar tareas cotidianas y revolucionar industrias, el 2023 nos obligó a enfrentar la realidad de sus alcances potencialmente peligrosos. En este año, la intersección entre la inteligencia artificial y la ética se volvió más evidente que nunca, planteando desafíos cruciales que exigen una reflexión profunda sobre el equilibrio entre la innovación tecnológica y la seguridad humana.
Las redes sociales, ese campo de batalla donde lo viral es ley, se han convertido en el arma de doble filo por excelencia. Por un lado, nos han brindado la herramienta para exponer casos que antes quedarían sepultados en la oscuridad del olvido, llevándolos a la atención pública y generando una ola de indignación colectiva. Pero, ¿a qué precio? El acceso a la justicia se vuelve un laberinto más complicado para las víctimas, y la sed de venganza puede nublar el camino hacia soluciones más civilizadas. Como diría el sabio Stan Lee a través de Ben Parker en el cómic de Spider-Man, «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Las redes sociales nos brindan una voz estruendosa, pero debemos recordar que esa voz puede ser un arma de destrucción masiva que, en lugar de buscar justicia, alimenta el fuego de la ira colectiva. En este vasto universo digital, es momento de reflexionar sobre el impacto real de nuestras acciones virtuales y asumir la responsabilidad que conlleva el gran poder de la viralización.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas.
@Tamalito_rosa









