Independientemente que el presidente López Obrador identificase a la mitad de su sexenio al Oxxo como ejemplo del trato privilegiado a empresas por gobiernos neoliberales, al parecer ha adoptado su lenguaje y mercadotecnia. Si empleamos términos como “paketazo”, “promo”, o “puntos” con que suelen estar salpimentadas las interacciones con los cajeros de la cadena de tiendas, es que es entendible su más reciente andanada de despropósitos, desborde y desmadre legislativo. Son despropósitos porque todis, comenzando por él, sabemos no cuenta con los votos para hacerlos pasar. Lo son también dada la amplitud de temas, metas y sobre todo posibilidades reales de ser ejecutados.
Yendo desde la deseable reforma a pensiones y salarios para la cual no se cuenta con fondos presupuestales constantes, hasta la retrograda elección de ministros (incapaces) por voto (pero reservándose él su unción), pasando por el peregrino señuelo de “crueldad animal” en clara alusión a un asunto chilango de taurinos versus “amantes de los animales” (a no confundir con zoofílicos). Si en el análisis político se debe separar lo deseable de lo probable y posible, un par o trío de las reformas del paketazo caben en la primera, pero ninguna pasa la segunda y tercera. No importa tampoco él haya adelantado tres reformas (judicial, de los órganos autónomos, y respecto a la Guardia Nacional), pues en plena promo electoral se lanzó con veinte. Su enumeración es innecesaria desde el punto de vista analítico, no así en cómo pretende segmentar el mercado electoral en una situación en que “para todos hay” o “ganan todos”. Así, para ciertos votantes los vapeadores pueden ser una obsesión senil, mientras que para otros será el resentimiento en busca de objeto. En sí y esto es lo relevante, se prueba cómo entiende el presidente el clientelismo más allá de las transferencias condicionadas de efectivo (que de programas sociales tienen poco o nada). Cada votante puede creer que gana puntos en una o más de las veinte reformas, pero es el presidente y su movimiento quiénes buscan asegurarse de la misma base que les dio el triunfo en 2018 y su lealtad personal.
Usando la frase de redes, no es que el presidente este “delúlu” (del inglés “deluded” en tanto delirante), es el desborde para proyectar control, mando y poder transexenal. Si bien es un hecho no ha renunciado hasta ahora a mantenerse en campaña permanente, esta es la primera vez que debería obligadamente ceder protagonismo a su ungida candidata. Lejos de hacerlo, la somete a sus ocurrencias que no cuadran, pero lo importante es que es él quien propone y mantiene la audacia de engañar como todo político en campaña. Ella queda reducida a decir que todo cuanto sale de él le parece fabuloso, maravilloso, alucinante y que—regresando a su primer encargo relevante en el regenteo de la ciudad de México por él—consolidará “el segundo piso” de la tetranstornación.
Aquel fue el origen de los “cochinitos” con Epigmenio Ibarra como también de su papel como “la Incondicional”. Sin agenda propia y reducida a ejecutora de la voluntad del inspirado prohombre, debe esperarse a una parca candidata administrando la ventaja de la estructura territorial manteniendo la incógnita respecto a sus capacidades. La misma es una apuesta riesgosa en que el mismo López Obrador incurrió en 2006 perdiendo ante FeCal. Con dos dígitos de ventaja en abril, se confió, dejó alcanzar y perdió ante un desangeladamente gris candidato de la reacción. Equis no es igual a ye, pero el desborde ya ha probado tener efectos adversos.
Finalmente, es un desmadre tanto en el sentido de salirse del cauce (madre) para arrasar o al menos inundar y salpicar lo que encuentre a su paso. Si es un río o drenaje depende del observador, pero hecho a las primeras en su natal Tabasco y a las segundas por su adoptiva Ciudad de la Mugre (especialmente Iztapalapa), la estrategia no es otra sino la confusión e inversión de significados, jerarquías y referentes.
En su promo de paketazo los magistrados no son diferentes a sus lacayos, adoratrices, y alcahuetes; los órganos autónomos no representan sino intereses de clase, mientras su movimiento que rechaza ser partido adquiere alcances universalistas; el fentanilo es igual a un vapeador, el maltrato animal desgarra al “tejido social” mientras se da laissez faire al crimen organizado. No es sencillo determinar si la apuesta se basa en un conocimiento fehaciente del electorado o en subestimarle. Como en todas las elecciones, el reto es contar con el abstencionismo a favor de la coalición gobernante. Ese parecía el plan hasta antes del cinco de febrero del corriente. Paradójicamente con la promo del paketazo se provee de veinte puntos de contención para una oposición hasta ahora malhecha. No tienen que sacar su tarjeta de clientela, ni jugar a ser el Extra o Seven Eleven a la vez. Es tan amplia la oferta que seguramente le tomarán la palabra en algunas propuestas, haciendo cebo y pabilo con otras, aprovechándose de la inercia de quién queriendo avasallar puede tropezarse. Del dieciocho de barro, estamos en el ocaso del patriarca. Queda por ver cómo se desmorona un sexenio que “ni para el perro”.









