Por Maia Becerra
Ciudades Invisibles, del autor Cubano-Italiano Italo Calvino, es una obra que explora la memoria, el deseo, y los recuerdos a través de los ojos de ciudades imaginarias. Siguiendo el camino trazado por los únicos personajes con nombre en la novela, Marco Polo y Kublai Khan, Calvino describe los retazos de la memoria de un imperio que lentamente está desvaneciéndose por medio de las personificaciones de estas ciudades. Estas tienen nombres propios, todas de mujeres, y están divididas en categorías como “ciudades y la memoria”, “ciudades y los ojos”, “ciudades y el deseo”, “las ciudades y los muertos”, pero se encuentran posicionadas en desorden: sin un patrón aparente. Calvino habla de estas categorías en su conferencia para los estudiantes de la Graduate Writing Division en la Universidad de Columbia en 1983, donde describe que “las ciudades y los ojos” se caracterizan por sus propiedades visuales, “las ciudades y los intercambios” “por sus intercambios de recuerdos, de deseos, de recorridos, de destinos” (Calvino 38), los cuales son presentados por medio de las interacciones de los habitantes de las ciudades con la ciudad misma, o entre ellos. Narrada por Marco Polo, esta novela habla de si misma en la tercera persona; refiriéndose al narrador como “el viajero”: lo que da espacio a una ambigüedad donde el lector, en cierto momento, se olvida de que el viajero a través de estas ciudades continúa siendo Marco Polo. Asimismo, el narrador se dirige al lector en la segunda persona, creando una ficción en la que este está involucrado en la interacción y el movimiento de las ciudades. Estas no son únicamente descripciones; son posibles realidades en las que el lector es posicionado en medio de acciones, conversaciones, días de trabajo, o silencios.
Otro factor importante que hace Ciudades Invisibles una novela que involucra al lector en los espacios que crea, es la ambigüedad de su narrativa. Pier Paolo Pasolini en su ensayo “Italo Calvino’s Invisible Cities”, describe que estas ciudades son ilusorias; espacios fantásticos donde se halla una ambigüedad que va más alá de los diálogos entre Marco Polo y el Khan. Esta ambigüedad depende enteramente del entendimiento por parte del lector de los silencios dentro de estas conversaciones. De los espacios en blanco entre cada ciudad, y cómo cada una de estas existe en un cosmos dentro de si misma, y es olvidada en cuanto la siguiente se presenta. Calvino no describe ciudades idealizadas; en lugar, crea universos efímeros dentro de las narraciones que se esfuman con cada página: “Lo que elevaba para Kublai cada evento o noticia reportada por su informante inarticulado, era el espacio que restaba alrededor de ello, un vacío sin palabras. […] Para cada ciudad, después de la información fundamental dada en palabras precisas, continuaba con un comentario en silencio, levantando sus manos, con las palmas hacia afuera” (Calvino 38-39). Estos silencios dentro de la ambigüedad de la novela son lo que materializa el deseo o la fantasía en estas ciudades; el lector tiene a libertad de imaginar a los interlocutores, y las ciudades se transforman en un reflejo de los recuerdos o la memoria de quien las lee.
Más, lo que distingue a Ciudades Invisibles de una bitácora de viaje imaginaria, es descrito por Pasolini, “El libro de Calvino es el libro de un hombre viejo, para quien ‘los deseos son recuerdos’ […] las ideas son recuerdos, la información, las noticias, experiencias, ideologías y lógica– todo es un recuerdo. Cada instrumento intelectual para vivir es un recuerdo” (Pasolini 118). El énfasis en el recuerdo está presente de manera literaria en la narrativa casi epistolar, ya que Marco Polo está recordando estas ciudades del pasado mientras las describe para el Khan. De esta manera, volviendo a la conferencia dada por Calvino, podemos entender la importancia de la memoria y los recuerdos a través de nuestras propias relaciones con las ciudades que habitamos, conocemos, o nostálgicamente recordamos. Calvino se pregunta “¿Qué es hoy la ciudad para nosotros? Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis en la vida urbana y Las Ciudades Invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles” (Calvino 40). La idea de ciudades invivibles puede aplicarse a las ansiedades post-modernas de la vida cotidiana en una sociedad cada vez mas impersonal en cuanto al espacio donde vivimos. La ciudad, deja de ser este espacio fantástico donde se vive la vida a través de lo permanente a nuestro alrededor, y se transforma en un lugar de paso: como un transbordo de transporte público donde su único propósito es llevarnos de el punto A al punto B. Sin embargo, esta contemporánea impersonalidad hacia las ciudades es contestada por Calvino y su noción de los recuerdos y la memoria como partes fundamentales para entender el mundo físico a nuestro alrededor. Calvino yuxtapone lo interno y lo externo, la ficción y la realidad, lo permanente y lo efímero, de manera que la memoria se vuelve nuestra única salvación.
“[Zaira] la ciudad, no dice su pasado, pero lo contiene como las líneas de una palma de la mano, escrito en las esquinas de las calles, las rejas de las ventanas, los barandales de las escaleras, las antenas de los pararrayos, las astas de las banderas, marcando de regreso a cada segmento con rasguños, abolladuras, y pergaminos” (Calvino 11).

Bibliografía:
Calvino, Italo. “Italo Calvino on Invisible Cities”. Graduate Writing Division at Columbia University, March 29 1983, New York. Conference.
Pasolini, Pier Paolo. “Italo Calvino’s Invisible Cities”. In Danger, a Pasolini Anthology, edited by Jack Hirschman, City Lights Books, 2010, 116-122.
Calvino, Italo. Invisible Cities. Mariner Books, 1974.










